El regreso de 'El diablo viste de Prada' está reactivando casi todos los debates pendientes que dejó la película original, y uno de los más curiosos tiene nombre propio: Nate, el novio de Andy Sachs. Mientras la secuela recupera a buena parte de su reparto principal, Adrian Grenier no figura entre los actores que volverán al universo de Miranda Priestly. Lejos de alimentar una polémica seria, el intérprete ha optado por responder con ironía y bastante inteligencia promocional, aprovechando una campaña publicitaria de Starbucks para asumir públicamente que su personaje pertenece al pasado.
La reacción ha llegado a través de un anuncio vinculado al lanzamiento de las nuevas Starbucks Energy Refreshers, en el que Adrian Grenier juega precisamente con su ausencia en 'El diablo viste de Prada 2' . En el spot, el actor bromea con la idea de que no ha sido invitado a regresar y lanza un mensaje que resume bien el tono de toda la campaña: es mejor dejar a Nate en 2006.
No se trata de un detalle menor. Con el paso del tiempo, Nate se ha convertido en uno de los personajes más discutidos de la película original. Aunque en 2006 podía funcionar como el novio "normal" frente al vértigo del mundo de la moda, muchas relecturas posteriores lo han señalado como una figura poco comprensiva con Andy, incapaz de apoyar de verdad su crecimiento profesional. Esa reevaluación ha sido tan fuerte que el personaje terminó casi transformado en un pequeño símbolo cultural de todo lo que hoy se mira de forma distinta en ciertas comedias de los 2000.
Una ausencia que ya no suena a drama
Adrian Grenier , de hecho, ya había reconocido en declaraciones previas que al principio le dolió no haber sido llamado para la secuela. Sin embargo, su discurso actual es muy distinto. En la campaña de Starbucks y en entrevistas recientes, el actor deja claro que no guarda resentimiento y que entiende perfectamente por qué Nate no encaja en esta nueva etapa.
Eso no significa que haya cerrado del todo la puerta. Algunas de sus intervenciones mantienen un punto de ironía juguetona, como si dijera que Nate puede quedarse atrás... salvo que alguien decida llamarle en el último momento. Esa ambigüedad le permite quedar bien en todos los frentes: asume la realidad de la secuela, se suma al tono nostálgico que rodea la película y, al mismo tiempo, mantiene viva la conversación sobre su personaje.
La cuestión cobra todavía más relevancia porque 'El diablo viste de Prada 2' se está vendiendo como uno de los grandes regresos cinematográficos de 2026. La película, con estreno previsto para el 1 de mayo de 2026, traerá de vuelta a Meryl Streep , Anne Hawthorne , Emily Blunt y Stanley Tucci , es decir, el núcleo emocional y simbólico de la original. En ese contexto, que Nate no esté solo refuerza una idea bastante evidente: la secuela quiere centrarse en las dinámicas profesionales, personales y de poder que realmente definieron la historia, no en rescatar por obligación a todos sus secundarios.
La secuela reabre el juicio popular sobre Nate
La ausencia de Adrian Grenier no ha hecho más que avivar un fenómeno que ya existía: el juicio permanente a Nate por parte del fandom. Durante años, el personaje fue acumulando una reputación cada vez peor en redes y medios, hasta el punto de que muchas personas empezaron a verlo como uno de los verdaderos antagonistas emocionales de la película. Que el propio actor participe ahora en esa lectura crítica, aunque sea con humor, demuestra hasta qué punto la percepción del personaje ha cambiado.
Lo interesante de todo esto es que Adrian Grenier ha conseguido convertir una mala noticia profesional en una jugada simpática a su favor. En lugar de presentarse como el actor descartado de una secuela importante, aparece como alguien capaz de entender la broma, leer el momento cultural y sumarse a él con elegancia.
En otras palabras, 'El diablo viste de Prada 2' no solo está recuperando personajes. También está reordenando el lugar que cada uno ocupa en la memoria del público. Y en esa nueva jerarquía sentimental, Adrian Grenier parece haber entendido algo antes que nadie: a veces, la mejor manera de volver es aceptar que no vuelves.