'Carne y arena' es el primer proyecto de Realidad Virtual presentado en Cannes. Lo conducen el director Alejandro González Iñárritu y su director de fotografía habitual, Emmanuel Lubezki, y ya se ha estrenado en el festival.
El proyecto tiene lugar en el hangar de un aeropuerto apartado del resto del festival. La experiencia virtual, propiamente hablando, solo dura 6 minutos y medio, pero las instalaciones son más complejas y sólo admiten tres espectadores cada media hora. Lo que significa que sólo 100 personas al día podrán acceder a la experiencia, que estará en activo durante 10 días.

Los medios que han tenido acceso a las instalaciones han relatado cómo funciona la experiencia virtual. El proyecto tiene mucho de videoinstalación y se organiza en tres fases. Primero el "espectador", si se le puede llamar así, es introducido en un cuarto frío donde le hacen descalzarse como si fuera un inmigrante, después le conducen a una sala oscura más grande y llena de arena, le colocan una mochila, unos auriculares y las gafas de realidad virtual. Y se transporta en forma de avatar a un desierto de Sonora virtual. Se encuentra inmerso (literalmente, inmerso) en medio de este desierto que hace de frontera entre Estados Unidos y Mexico. Allí presencia el drama de un grupo de emigrantes que tratan de cruzar la frontera pero son detenidos y maltratados por la policía. Al terminar los 6 minutos y medio y quitarse las gafas y ponerse los zapatos, el "espectador" puede entrar en otra sala con documentos y retratos reales de los emigrantes con que "convivió" y "padeció" unos minutos atrás, pues todos estaban basados en historias reales.
Una de las sorpresas de la experiencia, y su clave interpretativa, es la posibilidad de ver el corazón dentro del pecho de todos los personajes: emigrantes o policías. Porque el mensaje parece ser que en el fondo todos son iguales y detrás del sufrimiento siempre hay un ser humano sufriendo o haciendo sufrir.
Las reacciones de los críticos
En general las reacciones a 'Carne y arena' parecen estar siendo positivas. Hay un gran acuerdo en señalar la increíble inmersión de la experiencia y la actualidad del tema. Así como las características diferenciadoras de la Realidad Virtual.
Owen Gleiberman, en Variety, valora el proyecto de Iñarritu y Lubezki como una revolución. "Demuestra que la revolución la realidad virtual, la inmersión, el gran «wow no puedo creer lo que estoy viendo» está aquí; y esa es una experiencia que tiene el potencial, como las películas, de mutar en un entretenimiento mayor y una forma popular de arte".
Desde el The New York Times, Jason Farago, alabó el tema "políticamente urgente y técnicamente logrado". Y las diferencias de la Realidad Virtual frente al cine: "El medio es casi un híbrido de un videojuego y teatro en vivo, y para sobresalir, tienes que pensar como un filósofo tanto como un técnico". No es el único que señaló esta diferencia que, con la libertad de encuadre y movimientos, se aleja por completo del lenguaje cinematográfico. En ese sentido Tim Robey, para The Telegraph, se hacía eco del director:: "No es el cine como lo conocemos, eso es seguro. «Es su propio medio», dice Iñarritu".
También se ha señalado pese a la diferencia del medio, algunas de las constantes del cine de su autor: el sufrimiento de los personajes y el espectador, y la sed de trascendencia. E incluso medios como Otros Cines señalan lo inquietante que puede resultar un medio tan dado al voyeurismo y la perversión, cuando el espectador puede moverse y comportarse como un fantasma que está y no está ahí al mismo tiempo.