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'Candyman': No digas su nombre

Miguel Ángel Pizarro Viernes 27 agosto 2021

En un momento en el que están regresando personajes y sagas míticas, era extraño que haya tardado tanto en llegar a los cines un reboot (o secuela) de 'Candyman', uno de los pocos personajes negros del terror estadounidense. Continuación directa de la película de 1992 que dirigió y escribió Bernard Rose y protagonizó Virginia Madsen, este 'Candyman' viene dirigido por Nia DaCosta, cineasta afroestadounidense que aspira a convertirse en una de las figuras del blockbuster hollywoodiense actual, y con Jordan Peele como productor y guionista.

Candyman

Realmente, los créditos de la cinta hacen que sea una propuesta prometedora. Precisamente, 'Candyman' fue uno de los pioneros en usar el terror para plasmar la crítica racial de la sociedad estadounidense, la cual continúa siendo víctima de sus propios fantasmas del pasado. Con Peele en el guion y la producción, todo apuntaba a un regreso renovado, que sepa combinar terror y mensaje social, como bien demostró en la oscarizada 'Déjame salir' o en 'Nosotros'.

Ahora bien, sí, hay más énfasis sobre la desigualdad racial y la memoria histórica del país, dejando en evidencia la desigualdad que perviven aún en la sociedad estadounidense. Sin embargo, el discurso político se come completamente al terror, dejando solo secuencias convencionales que apenas ofrecen susto y que optan por apostar por el gore para causar impresión, dando más asco que miedo.

Candyman

Puede que ese mensaje social y político sea más legítimo (en plena ola del Black Lives Matter), el problema está en que acaba provocando que la trama y su guion acaben siendo cautivos de su discurso, el cual es maniqueo, falaz y victimista, provocando que la leyenda urbana de 'Candyman' sea utilizada para meros fines propagandísticos. Peele nunca ha sido conocido por ser sutil, pero su guion (que firma junto con Win Rosenfeld y la directora del filme) se pasa de frenada, dando más la impresión de ser un panfleto del movimiento woke que de otra cosa.

El terror arrinconado por un mensaje político de brocha gorda

Es más, a diferencia de la cinta de 1992, cuya protagonista, una joven universitaria caucásica, investigaba el mito para fines académicos y acababa siendo víctima de este; esta versión tiene de protagonistas a un matrimonio negro esnob y burgués, además de pedante por la profesión de ambos (uno es un aspirante a artista atormentado y la otra es la marchante de arte que le saca las castañas del fuego). Se supone también que DaCosta busca hacer una crítica al consumo de arte contemporáneo, pero se queda lejos de 'The Square', siendo más cercana a la irregular 'Velvet Buzzsaw'.

Candyman

Por ello, no sorprende que la crítica norteamericana haya sido tan entusiasta con esta versión, la cual olvida que es una película de terror, no la versión de serie B de la muy notable 'Judas y el Mesías Negro'. Con un guion que traiciona a la propia historia popular (más pendiente de que sus personajes suelten mensajes comprometidos que de que sean coherentes), se hace complicado valorar la puesta en escena y la dirección de los actores. Yahya Abdul-Mateen II permanece hierático la mayor parte del filme y Teyonah Parris en perpetuo estado de desconcierto. La cinta no deja que tengan química, trae escenas del pasado de ambos que no terminan de desarrollar (especialmente en el caso de ella, tremendamente desaprovechada).

'Candyman' tenía la oportunidad de ser una propuesta de terror renovada, que fuera incluso más allá del cliché de la desigualdad racial, mostrando también la fuerte aporofobia que existe en la sociedad estadounidense. Finalmente, acaba siendo un panfleto político revestido de terror de burgueses que se quejan de la gentrificación que ellos mismos provocan. Una propuesta que, por otro lado, va muy en sintonía con el estilo y forma que llegan de las producciones tanto norteamericanas como británicas y que, muy probablemente, sea la tendencia imperante tanto en el presente como en el futuro más próximo.

Nota: 4

Lo mejor: Las escenas que explican la leyenda de Candyman, las sombras chinescas y la utilización de marionetas hacen que sean de los pocos elementos de terror que funcionan.

Lo peor: La película acaba siendo completamente devorada por un mensaje político maniqueo y falaz.

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