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'El club de los divorciados': Humor trasnochado

Miguel Ángel Pizarro Viernes 23 octubre 2020

La comedia francesa puede presumir de ser una de las producciones que la industria cinematográfica gala, la más importante de Europa, exporta. Son muchas las que llegan a salas españolas (este año se ha ralentizado su presencia debido a la pandemia del coronavirus, pero eso no ha impedido que continúe su distribución en la gran pantalla). Convertida en uno de los éxitos de taquilla estivales del país vecino (todo un logro al lanzarse en plena crisis sanitaria), llega ahora a los cines 'El club de los divorciados', tercer largometraje como director del actor y humorista Michaël Youn.

El club de los divorciados

Algo que no se le puede echar en cara a la cinta es que, desde el primer momento, no engaña. Ya su póster advierte que el filme seguirá la línea de la comedia slapstick típica francesa, como 'Misión: País Vasco' o 'Un verano en Ibiza', con humor de brocha gorda y lleno de clichés y arquetipos de ese cine comercial galo de rápido consumo. Lo curioso es que, aún cumpliendo con el guion previsto, 'El club de los divorciados' logra sorprender algo, aunque no para bien precisamente.

Su primera parte cumple con todo lo esperado y, es más, sabe divertir, gracias a que apuesta a tener un inicio desternillante, el momento en el que comienza el proceso de divorcio de Ben, el protagonista, interpretado por Arnaud Ducret. Sin embargo, lo que apunta a ser una cinta feel-good sobre la superación de una ruptura sentimental y convertirse en una propuesta en la línea de 'El marido de mi marido' o 'La Wedding Planner', acaba derivando en un humor de más brocha gorda.

El club de los divorciados

Una comedia a la que el humor bestia se va de las manos

Y lo que parecía una comedia ligera termina siendo una cinta destroyer al estilo 'Se nos fue de las manos' o '¡Cásate conmigo! Por favor', con escenas a cada cual más bestia, convirtiendo al encantador protagonista en un cuarentón inmaduro propio de las películas más flojas de los hermanos Farrelly. Y ahí es donde la propuesta de Youn derrapa. En su deseo de hacer la gracia incluso más grande, se le escapa, los momentos de humor van tornándose más zafios (y machistas) a cada nueva secuencia.

Las carcajadas del principio acaban en silencios incómodos y la empatía con la desgracia de Ben termina siendo hartazgo por decisiones absurdas y pueriles. Ni siquiera aspira a ser como la brutal 'Papá o mamá', en la que el diplomático matrimonio burgués termina lanzándose al barro y en el que había una crítica social velada.

Con un humor rancio y carente de gracia, 'El club de los divorciados' es uno de los ejemplos más evidentes de que en el cine francés hay espacio también para propuestas comerciales que funcionan como la comida rápida, de digestión rápida y que solo aporta grasas saturadas. Una película hecha para los amantes de este tipo de entretenimiento.

Nota: 4

Lo mejor: La escena inicial del inicio de la separación del protagonista y cómo Benjamin Biolay es capaz de reírse de sí mismo.

Lo peor: Su humor rancio y trasnochado y sus escenas llenas de caos provocan incomodidad y hartazgo.

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