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'La consagración de la primavera': El despertar de los sentidos

Miguel Ángel Pizarro Viernes 30 septiembre 2022

A simple vista, pareciera que Fernando Franco cambia de tema y se aleja de las enfermedades y los cuidados a pacientes terminales, como bien plasmó en 'La herida' y 'Morir' respectivamente, al apostar por retratar la represión sexual de una universitaria en una gran metrópolis. Sin embargo, la última propuesta del cineasta sevillano, 'La consagración de la primavera', está tremendamente relacionada con sus dos anteriores trabajos, al fracturar poco a poco la psique de su protagonista, en un filme que ya desde su título hace referencia al instinto tribal.

La consagración de la primavera

Mostrada en la Sección Oficial del 70 Festival de San Sebastián, 'La consagración de la primavera' entra de lleno de retratar los traumas y la represión de una joven que, aparentemente, no tendría que tener este tipo de problemas. Estudiante de química en Madrid, proviene de otra gran urbe como es Barcelona, aunque se ha criado en un ambiente muy religioso. Es más, Franco, remarca esa herencia familiar, al situar a la joven viviendo en un colegio mayor católico (algo, por cierto, mucho más habitual de lo que puede parecer a simple vista).

Franco, quien firma el guion del filme junto con la cineasta Bego Aróstegui, no entra en el fondo de por qué Laura, la protagonista, tiene ese carácter tan retraído, invitando al público a que sea él el que saque sus propias conclusiones y así a no juzgar las acciones de la joven, la cual transita pasivamente por la vida, mostrándose incapaz de tomar decisiones propias. Se trata de un perfil aparentemente impasible, que Franco aprovecha para crear una situación que fuerce a la universitaria ir despertándose, al conocer a David -interpretado por Telmo Irureta-, un chico con parálisis cerebral que vive con su madre, Isabel -a quien encarna Emma Suárez.

La consagración de la primavera

Franco sienta frente al espejo a Laura, al ver cómo David tiene un blog a favor de la asistencia sexual y de cómo las personas con algún tipo de discapacidad siguen teniendo sexualidad. Aquí, el cineasta entra en un terreno pantanoso, pues plantea el interrogante de hasta qué punto es legítimo este tipo de asistencia, dado que tener relaciones sexuales no es un derecho (tampoco un deber). El director no entra en materia, limitándose a que este planteamiento sirva para que su protagonista despierte, pues no puede haber más contraste entre aquella que puede tener sexo y no lo hace a aquel que lo desea pero se ve privado de ello.

Un ejercicio notable de Fernando Franco sobre la represión sexual y la psique

Y en ese despertar, surge la metáfora del título, clara referencia a la magistral obra de concierto de Ígor Stravinski, una de las piezas más importantes de la música académica contemporánea. Un ballet vanguardista, con cierto aire anárquico, como el despertar del deseo, de la primavera, que es lo que va sintiendo Laura en su interior. El cineasta no realiza un ejercicio de liberación completo, sino de un despertar, lo que vuelve a dejar en la pelota del público dirimir el sentido de sus acciones.

La consagración de la primavera

En ese aspecto, destaca la interpretación de Valeria Sorolla, aunque queda la duda de cuánto hay de interpretación y de experiencia, dado que tiene varios momentos en los que muestra una mirada impávida, lo que provoca la duda de si es decisión del director, talento innato de la actriz o si solo era suficiente poner cara de circunstancia. No obstante, Sorolla está muy bien acompañada, pues brilla Telmo Irureta, aunque quien destaca es Emma Suárez, cuya vida de madre de un hijo con deseos sexuales que no puede realizar, bien merecía un filme aparte.

'La consagración de la primavera' es una nueva muestra de la habilidad de Franco para ir diseccionando la psique de un protagonista incómodo, al que se le fuerza a expresarse. Sigue la línea de 'Morir' y de 'La herida'; aunque su temática invite a pensar lo contrario. Por otro lado, mención también a la habilidad del cineasta de crear personajes femeninos tan abstractos, que enlazan su estilo de cine al de Ildikó Enyedi o Jaime Rosales. Perturbadora a la par que luminosa.

Nota: 7

Lo mejor: La trama relacionada con la asistencia sexual.

Lo peor: Tal pasiva resulta la actitud de su protagonista, que llega a cansar.

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