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'Gaza, mon amour': Gentil sonata en tierra hostil

Miguel Ángel Pizarro Viernes 04 junio 2021

Pronunciar el nombre de la ciudad de Gaza hace que, inevitablemente, venga a la mente la Franja en la que está la urbe, que de tanto en tanto protagoniza los informativos por el enfrentamiento entre Hamás y el Estado de Israel. De hecho, en el cine, han sido varios los filmes que han abordado la realidad del conflicto, como 'Paradise Now' u 'Omar', siendo, precisamente Hany Abu-Assad el principal referente en este sentido. Siempre desde el tono dramático y social, nadie hubiera imaginado una comedia romántica ambientada en la ciudad... hasta ahora.

Gaza mon amour

Eso es lo que es, en esencia, 'Gaza, mon amour', segundo largometraje del dúo de directores Tarzan y Arab Nasser, los hermanos Nasser, los cuales, tras la aplaudida 'Dégradé', continúan mirando a la región desde una perspectiva crítica, aunque irónica y ligera. Ganadora de la Espiga de Plata y del premio al mejor guion en la 65ª edición de la Seminci de Valladolid, ya desde su propio título, los hermanos Nasser hacen toda una declaración de intenciones, al hacer referencia a la icónica 'Hiroshima, mon amour', la obra maestra de Alain Resnais, en la que Emmanuelle Riva y Eiji Okada vivían un apasionado romance en la ciudad japonesa durante la posguerra.

Y es que 'Hiroshima, mon amour', uno de los títulos insigne de la Nouvelle vague, reflejaba como, incluso en las situaciones más adversas, surge el amor y la pasión y cómo estos servían de catalizadores para cerrar heridas del pasado o para hacer que una situación dramática se haga más llevadera. En el fondo, es lo que vienen a narrar los hermanos Nasser, quienes también firman el guion, con 'Gaza, mon amour'. Aunque, la referencia a la obra maestra de Resnais se queda ahí, puesto que los Nasser evitan realizar más símiles.

Gaza mon amour

Y es ahí donde los Nasser apuestan por lo prístino del amor y de cómo darse oportunidades para vivir, incluso cuando se vive un asedio. Sabiendo que narrar una comedia romántica convencional se antojaba imposible, los realizadores introducen elementos que hermanan a 'Gaza, mon amour' con el cine de Aki Kaurismäki o Emir Kusturica, al dejar espacio para el humor más ácido e irónico que, además, sirve como manera de rebajar la tensión de una situación inhóspita.

Un alegato sobre la fuerza del amor incluso de los lugares más inhóspitos

En medio, surge una escultura priápica de Apolo, cuya vigorosidad aprovecharán los realizadores para dejar en evidencia a una sociedad atrapada por el fundamentalismo religioso, en la que Hamás ha infundido un gobierno de terror, cuya hipocresía es vista en la irrupción de la estatua. Esos momentos, de profundo humor negro, son los que más evocan al cine de Kaurismäki y Kusturica, siendo las escenas románticas mucho más cercanas al cine de Marjane Satrapi o, incluso, al de Eran Riklis. La combinación funciona, gracias a la honestidad de los Nasser en sus intenciones, centrándose en el amor, cierto, pero no obviando cómo la ciudadanía es la principal víctima de un gobierno fundamentalista y la respuesta bélica del país vecino, el cual la ha acostumbrado a sentir los bombardeos como algo cotidiano.

Gaza mon amour

Aunque la audaz propuesta consigue encontrar un justo equilibrio, lo que hace que funcione completamente son sus dos actores protagonistas. Salim Dau interpreta sublimemente a un pescadero sesentón, cuya crisis de edad desemboca en el descubrimiento de la efigie griega y redescubrimiento de la pasión, viviendo un hermoso y tierno amor maduro con una fascinante Hiam Abbass, la gran dama de la interpretación de Oriente Próximo. Su química y la delicadeza con la que configuran el romance es sutil, cuidada y realizada con mimo, conquistando así también al público.

Quizás no sea tan ambiciosa como 'Dégradé' desde la perspectiva social y política, pero 'Gaza, mon amour' supone un paso mayor en la filmografía de los hermanos Nasser, los cuales traen ajustadas dosis de ironía y de autocrítica hacia la propia sociedad palestina, dejando en evidencia a una sociedad que sufre bombardeos, sí, pero que también reprime a sus propios ciudadanos con fundamentalismo religioso, en el cual, las mujeres son las principales perjudicadas, todo bajo la cobertura de una entrañable y fascinante historia de amor. Una apuesta osada, digna de unos cineastas que traen un aire innovador al cine de Oriente Próximo.

Nota: 8

Lo mejor: Cómo la irrupción de la escultura priápica logra dar un giro irónico a la cinta.

Lo peor: La supuesta ligereza de su historia de amor hará que no sea del gusto de aquellos que busquen cine más comprometido políticamente.

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