Jan Kounen revisita en pleno 2025 una novela que Robert Matheson escribió en los años cincuenta y que ya adaptó Jack Arnold en 1957. 'El hombre menguante' no intenta volver a ser la sensación que causó su predecesora, no quiere convertirse en otro clásico de ciencia ficción: homenajea la cinta a su manera, demostrando que hay ideas que son atemporales, haciendo una relectura del texto adaptada a la modernidad.
El director rebautiza a Scott Carey con el nombre de Paul, un hombre que, mientras se da un baño en el mar, se ve afectado por una especie de suceso meteorológico que desencadena un efecto imparable: encoge rápidamente y sin explicación médica, convirtiéndose en un ser cada vez más diminuto. Por error, queda atrapado en el sótano de su casa, sin que su mujer e hija puedan encontrarlo. Paul deberá afrontar un entorno que antes le era cotidiano y que ahora se ha vuelto salvaje y peligroso.
Jean Dujardin protagoniza este inquietante filme que canaliza el tono aventurero de la película de Arnold para construir una obra que saca a relucir lo efímero que es el mundo tal y como lo conocemos. Kounen reflexiona sobre el lugar de poder que, como humanos, ocupamos, y sobre cómo, cuando ese mando nos es arrebatado, nos quedamos desnudos e indefensos, a la altura de criaturas que antes considerábamos insignificantes.
El hombre llega a veces a estar tan inmerso en su propia vida que logra creerse, realmente por un rato, que es el centro del universo. Consigue convencerse de que la realidad, la verdad, se encuentran en el trabajo, en la rutina o en sus acciones; haciendo caso omiso al presente y a la vida a su alrededor, a los pequeños estímulos o al paisaje. Se aferra a ese dominio autoconcedido para no desaparecer el mundo, para evadir la idea de que todo es temporal, incluso él mismo.
Ese pánico a llegar a encoger hasta dejar de existir azota al protagonista constantemente. Lo vemos en los síntomas iniciales, cuando pierde los primeros centímetros, y también cuando llega a medir lo que un alfiler. Es como si nuestra presencia en el mundo viniese dada por nuestro tamaño: ocupar espacio implica volumen, magnitud, y, a la vez, también trascendencia.
Un plano formal muy bien cuidado
Kounen se preocupa por mantenerse cerca de Paul en todo momento, de manera que el espectador viva junto a él este empequeñecimiento. La cámara muestra las proporciones del protagonista y de su entorno para que cada centímetro de menos cuente y así ilustrar el horror progresivo que siente el personaje de Dujardin a medida que se mimetiza con la fauna antes inapreciable que habita su hogar: ahora el público percibe el polvo, las gotas de agua, la hierba.
Paul revisita su casa, descubre un universo ajeno a sí mismo y a su vida anterior. De cierta manera, ha vuelto a nacer con otra forma; experimentar por primera vez el mundo desde un nuevo ángulo, literalmente, le ha llevado a contemplar la existencia de una manera distinta.
A pesar de no ser la aventura de 1957, pone todos sus esfuerzos en preservar el género de ciencia ficción con efectos especiales muy trabajados, cuidando al máximo la imagen, la estética y los encuadres. La banda sonora, a cargo de Alexandre Desplat, juega un papel esencial en la cinta, sosteniendo la tensión con temas instrumentales cargados de intensidad.
Quizás 'El hombre menguante' de Kounen no sea el espectacular viaje de Arnold. Puede que no haga falta, aunque cueste desprenderse de esta visión. Recogiendo la historia original, se basta por sí misma para contar una bonita fábula algo terrorífica, y con una moraleja que no solo responde a cuestiones del presente; dentro de unos años podremos volver a rescatarla, seguramente para afrontar las mismas inquietudes.