Geroge Nolfi vuelve a dirigir a Anthony Mackie en 'Línea de extinción', el thriller postapocalíptico del director estadounidense. Ya lo hizo en ‘El banquero', un drama basado en hechos reales de los años 60 en EE. UU., donde Mackie compartía pantalla con Samuel L. Jackson. En este caso le acompañan Morena Baccarin y Maddie Hasson para enfrentar a las monstruosas e invencibles criaturas que acabaron con gran parte de la humanidad tres años atrás.
Con una breve introducción de pantalla en negro y voces en off que simulan información periodística televisiva acerca de los terribles sucesos que acechan al mundo, se nos indica que la Tierra ya no es lo que era, después de que esos monstruos anteriormente mencionados arrasaran con casi todo. No se explica mucho más, lo que genera un inicio incierto no demasiado resuelto a lo largo del metraje.
Nos situamos en un refugio en Colorado, en plenas Montañas Rocosas, donde Will (Anthony Mackie) vive con su hijo Hunter, un niño enfermo que sufre de insuficiencias respiratorias y que necesita oxígeno de manera artificial para sobrevivir. Es esta la motivación que conduce a Will a emprender una misión suicida: la de bajar por debajo de “La Línea” a conseguir filtros de oxígeno que mantengan con vida a su hijo.
A pesar de lo letal de las criaturas antagonistas, estas no pueden subir más de los 2500 metros por razones que son un misterio para los supervivientes de la masacre. También es una incógnita el motivo por el cual son inmortales, nadie nunca ha conseguido matar a una de ellas. Con eso sueña Nina (Morena Baccarin), una física desquiciada, con mucha culpa y algo de delirios de grandeza.
El triángulo protagonista lo completa Katie (Maddie Hasson), la única compañía de Will aparte de su hijo Hunter. Katie era la mejor amiga de Tara, la difunta mujer del personaje de Anthony Mackie, que murió en la misma misión en la que se embarcan los tres protagonistas de ‘Línea de Extinción’.
Tópicos poco construidos
La película de Nolfi se va dibujando entre tópicos del género, un guion poco machacado y una acción muy recortada o relegada solo a momentos concretos de tensión leve. No es casualidad utilizar el verbo “dibujar”; los clásicos más clásicos que explora el director quedan diluidos, poco marcados y demasiado ligeros como para generar impacto.
Está bien que el largometraje comience in medias res y que no se nos den detalles de todo lo sucedido antes, ya se nos dice que las criaturas, las parcas, acabaron con el 95 % de la humanidad y más o menos podemos imaginarnos lo demás. No obstante, todo lo restante, lo que sí se nos muestra, carece de profundidad y sentido, incluso alguna muerte.
Hora y media entretenida
Esta falta de profundidad se podría explicar con la duración de la película, de tan solo 90 minutos. Este metraje permite que el entretenimiento se mantenga más o menos constante, pero también impide una conexión más real con los personajes y su sufrimiento.
En cuanto a los actores, Anthony Mackie consigue una buena interpretación, pero no deslumbra ni mucho menos. Sí es agradable ver de repente cierto protagonismo trasladado a Morena Baccarin, cuyo personaje es el más complejo, profundo e interesante, desde los puntos de vista narrativo e interpretativo.
Después de un final algo abrupto y demasiado conveniente, el desenlace llega apresurado y sin explicación, un reflejo fiel a lo que es la película al completo. Hay que esperar un poco para ver una escena postcréditos en los que Nolfi nos remata con la idea de que todo es, finalmente, una conspiración alienígena.
A los que no somos demasiado admiradores del género apocalíptico, esta película nos puede parecer una producción más, una distracción algo absurda de otras narrativas reales y sin un impacto trascendente o memorable. A los que sí les gusta este tipo de historias, puede que disfruten de alguna persecución emocionante, unos escenarios convincentes y las interpretaciones decentes de sus protagonistas.
‘Línea de Extinción’ llega a los cines el 6 de marzo.