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CRÍTICA

'Silvio (y los otros)': La corte del "Cavalieri"

Paolo Sorrentino lleva a la gran pantalla a Silvio Berlusconi en una película crítica, excesiva y llena de humor.

Por Ana Bravo Díaz 4 de Enero 2019 | 09:51

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Dividida en dos películas de 100 minutos en su concepción original, nos llega en forma de una sola cinta con un metraje de 150 minutos la nueva creación de Paolo Sorrentino, quien imagina a Silvio Berlusconi y la fauna alrededor de la basura (en forma de corte política), cosa que sirve para poner en contexto de manera irónica la historia reciente de la clase política italiana más casposa de inicios del siglo XXI.

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Con 'Silvio (y los otros)' Sorrentino parece decidido a seguir creando una radiografía de Italia a través de su filmografía y su caricatura de los grandes males de su país. Esta vez le ha tocado ser protagonista a un personaje tan surrealista que probablemente su vida real sea demasiado para ponerlo en una película. Esta coproducción italo-francesa intenta hacer un retrato de uno de los presidentes más poderosos y nefastos de las últimas décadas en Italia, humanizando a la par que ridiculizando al ya de por sí icónico personaje.

Toni Servillo se pone en la piel de Silvio Berlusconi, lo mejor de la película sin lugar a dudas. Servillo interpreta a un personaje tan lleno de matices y tan bien caracterizado que si se te ocurre no parpadear puedes llegar a dudar si estás viendo al verdadero "Cavaliere" en la piel del camaleónico actor italiano (quien hace doblete en la cinta interpretando brevemente a otro personaje). Le acompañan, entre otros, Elena Sofia Ricci como su esposa y su alter ego, harta de los desenfrenos de su marido; o Riccardo Scamarcio como un servil cachorro deseoso de chupar del bote de la política y la administración pública al mismo ritmo que su amado referente.

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Enfrentarse a Berlusconi

Es admirable el valor de Sorrentino a la hora de retratar a su manera a uno de los hombres más poderosos y alocados de Italia (no sólo para mostrarlo de puertas para adentro y al resto del mundo, sino para lanzarle un mensaje a la cara a él y a todos sus seguidores), pero pese a eso la película resulta excesiva más allá de la propia voluntad del director y de Umberto Cortarello (su compañero habitual de escritura, con quien ha creado a cuatro manos este guion basado en una historia original del propio Sorrentino).

Es posible que la mezcla de metraje de las dos películas originales se resienta en esta versión internacional demasiado larga y de ritmo irregular, que cuenta con unas metáforas no siempre demasiado sutiles sobre el estado putrefacto de la corte que pretende seducir a Berlusconi, mucho humor de todo tipo y músicas más o menos reconocibles (usadas en ocasiones más de la cuenta).

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Simpático bufón

Sorrentino y Cortarello, con el trabajo interpretativo de Servillo, hacen un estudio psicológico poliédrico a la vez que caricaturesco de Berlusconi, tratándolo como un ególatra, un niño grande, un vendedor de humo pagado de sí mismo, pero a la vez un bufón simpático (a la vez que macabro), carismático, hecho a sí mismo, campechano y contradictorio. El líder de su corte, un profeta en el vertedero al que todos los ciegos están dispuestos a alabar, adorar y seguir.

En base a eso se dibujan no sólo las moscas que giran (o desean hacerlo) alrededor de "ÉL" (como le llaman al principio de la cinta, donde sólo es un fantasma muy poderoso), sino una cara de Italia que aparece finalmente como la realidad tras la farsa: lo que de verdad necesita la buena gente del país no se está viendo cubierto, en contraste con los excesos de los miserables parasitos del sistema encabezados por el rey de los ladrones.

Nota: 6

Lo mejor: Toni Servillo como una copia de Berlusconi y la libertad de sus creadores para criticar a un hombre tan poderoso.

Lo peor: Su elevada duración y su exceso general.