El mundo del motor lleva tres años subido al carro del cine. En 2023 fue 'Gran Turismo', en 2025 'F1: La película', y el 2026 arranca con 'Ídolos', que se aleja de los coches para centrarse en las motos, aunque arrastre consigo varios de los problemas de las dos cintas anteriores creando además otros nuevos.
Pero esto lo iremos viendo más adelante. De momento hablemos de la película en sí. 'Ídolos' cuenta la historia de Edu Serra (Óscar Casas) , un joven piloto con mucho potencial pero al que su temperamento y su mala lectura de carrera le están impidiendo dar el salto a Moto3 o Moto2, las categorías filiales de MotoGP. Mientras tanto, no le queda otra que ganarse la vida como rider, mientras su frustración por no alcanzar su objetivo va en aumento.
Por suerte para él, Eli Guzmán (Enrique Arce) , que forma parte del equipo Aspar, confía en Serra y le ofrece ser el segundo piloto, siempre y cuando se deje ser entrenado por el legendario expiloto Antonio Belardi (Claudio Santamaria). El problema es que Belardi es el padre de Serra, su relación es inexistente y el motivo de toda la rabia del joven piloto dentro y fuera de las pistas.
Al contrario de lo que pueda parecer en los tráilers o con la promo, la trama principal de 'Ídolos' no es el romance al estilo Wattpad de un piloto problemático y una chica, sino la complicada relación paternofilial, el abandono, el sentimiento de culpa y lo mucho que les ha afectado la distancia a ambos. En ese sentido, Jordi Gasull y Mat Whitecross, guionista y director de la película, aciertan al llevarse la historia por esos derroteros, especialmente porque permite lucirse a Claudio Santamaria, la mejor interpretación de la película con diferencia.
El actor italiano es como esos pilotos capaces de sacarse de la manga un par de décimas extra y exprimir al máximo la potencia de lo que tienen entre manos. Sube el nivel del filme con cada aparición, con cada mirada perdida en la fina línea entre el reproche a su hijo y el reproche a sí mismo por no haber sido el padre que debía.
Ver cómo se reconstruye la relación entre padre e hijo mientras ambos se preparan para aprovechar la última gran oportunidad en el mundo del motor es lo más destacado de 'Ídolos'. Para ello, es fundamental que MotoGP haya permitido acceso a su ecosistema para dotar de mayor realismo a la historia. Es la primera película que se hace de MotoGP, y aunque los más puristas del deporte encontrarán ciertos elementos narrativos demasiado poco realistas, sirve como lo hizo 'F1: La película' para acercar al gran público a este mercado.
La diferencia técnica entre una y otra al abordar lo que sucede en el asfalto es inevitable, algo lógico cuando hay una diferencia de presupuesto de más de 200 millones de euros. Se nota también la mano del director, con un Kosinski que aprendió mucho de 'Top Gun: Maverick' para llevar la acción de la pista a otro nivel.
En 'Ídolos' los motores rugen con tanta fuerza que pareciera que tú mismo estás en la parrilla de salida, pero al encenderse los semáforos y con el paso de las vueltas se pierde algo de fuelle, con algunas escenas que rozan el carácter virtual del videojuego 'MotoGP', impidiendo sumergirte completamente. A veces hay más cantidad que calidad, lo que alarga la película innecesariamente por encima de las 2 horas. Aun así el resultado es meritorio, e incorporar a pilotos reales (hay varios cameos sonados) un gran acierto para que los amantes de las dos ruedas estén satisfechos.
Ya hemos hablado de la unión y desunión padre-hijo y de las carreras, toca hacerlo de la tercera pata de la mesa: la historia de amor entre Luna (Ana Mena) y Edu (Óscar Casas). Hemos tardado nueve párrafos en llegar a esto porque, a pesar de la promo que hay en torno a ellos y el interés de que su relación fuera de la pantalla sea el reclamo que lleve a muchos y muchas al cine, de las tres tramas que se suceden en 'Ídolos' esta es la que menos relevancia tiene en el largometraje.
Por tanto, aquellos que acudan a las salas buscando una historia de amor intenso con ligeras referencias al mundo del motor se decepcionarán, aunque el conjunto de la película lo agradece. A pesar de que hay buena química entre ellos, el guion aquí no acompaña demasiado, y es en estas escenas donde más chirría un Casas que parece la versión descafeinada de H, es decir, su hermano Mario Casas en 'Tres metros sobre el cielo'.
Ana Mena cumple mejor en esta parte, aprovechando el mantra de 'menos es más'. Juega a su favor el tener menos minutos en pantalla para que no se vean las costuras de un guion peor construido para su personaje que para el de Claudio Santamaria. Aun así, sostiene bien la madurez de una Luna que tiene claro lo que quiere, y es un buen punto de partida para volver al mundo de la interpretación que parecía haber dejado de lado.
En resumen, 'Ídolos' es una entretenida película que combina acción frenética en la pista, amor y superación personal. No cambia las reglas del juego de las películas ambientadas en el mundo del motor, el guion es previsible y Óscar Casas estuvo mejor en 'El gran salto', pero es pionera en mostrar lo que sucede en un box de MotoGP, hay cameos que entusiasmarán a los fans del deporte y la trama padre-hijo es bastante sólida y emocionará a más de uno.