Corren días convulsos para Pedro Almodóvar, nuestro cineasta más laureado, con la inclusión de su nombre y el de su hermano en los 'Panamá Papers', asunto que ha enturbiado la llegada de su última obra 'Julieta' a la cartelera española. Quizá es por ello el mejor momento para recurrir a la nostalgia y repasar sus ya lejanos inicios como cineasta transgresor y desatado, que retrató como nadie los vicios y virtudes de la añorada e irrepetible Movida Madrileña.

Tras su debut con la experimental y amateur 'Folle... folle... ¡fólleme Tim!' rodada entre amigos y con cámara Super 8, Almodóvar inició una fulgurante carrera cinematográfica que, en sus orígenes, hacía gala de una radical anarquía narrativa y era generosa en retratos costumbristas y gamberros de personajes estrafalarios desorientados, que parecían sacados de las viñetas de algún tebeo macarra.
El desaliño formal de sus primeras obras dejó paso con los años a un cuidado esteticismo que lo ha convertido en uno de los cineastas europeos más respetados, aunque su cine haya perdido por el camino y de manera inevitable la frescura y arrebato de sus primeras obras. Por ello, repasamos a continuación, con sus pros y sus contras, unas obras primigenias tan desmadradas como valientes e imprescindibles para ilustrar la contracultura ochentera de aquella loca España de la Transición.