La presencia cinematográfica es un elemento, o mejor dicho, una virtud incalculable, que, sencillamente, se tiene o no se tiene. Y podéis apostar todo vuestro dinero a que Alec Guinness era uno de esos tipos que contaban con este privilegio. Ya fuera desde las tablas de un teatro o en el set de rodaje de la más espectacular de las superproducciones, desde lo pequeño o lo gigante, desde lo minúsculo o lo inconmensurable, el actor británico desplegaba siempre su apabullante elegancia y talento para convencer a un público rendido a sus pies.
Para la eternidad quedan algunos trabajos realmente incontestables como, por citar ejemplos ilustres, 'El puente sobre el río Kwai', 'Un cadáver a los postres', 'Lawrence de Arabia', 'Doctor Zhivago', 'El quinteto de la muerte', 'El hombre del traje blanco' o, por supuesto, la inevitable 'Star Wars: Episodio IV - Una nueva esperanza'. Insisto, se quedan en el tintero muchas, muchísimas películas inolvidables en las que el intérprete británico participó, pero, para citar todas y cada una de ellas, necesitaríamos varios párrafos.

En cualquier caso, queda siempre la irresistible opción de sumergirse en la trayectoria de Guinnes, conscientes siempre de estar ante un auténtico gigante de la interpretación, un actor modélico capaz de aportar su sabiduría, sensibilidad, carisma y profesionalidad a cualquier tipo de película. Siempre perfecto en su versatilidad. Siempre excelso. Siempre Alec Guinness.