'El séptimo sello' es inalcanzable. A todos los niveles. En el mejor de los casos, puede que roces con la punta de los dedos la intensidad, la profundidad y la complejidad de la obra maestra incontestable que ese director único e imprescindible, digamos superdotado, llamado Ingmar Bergman regaló a la humanidad en 1957. Una fecha demasiado lejana en el tiempo para corresponder a una película que continúa muy avanzada a su tiempo, a millones de kilómetros de distancia. Y no, no es el clásico familiar que ha aguantado de forma ejemplar el paso del tiempo, se trata de una de las propuestas más exigentes e hipnóticas de la historia del cine.

Una película que es incapaz de envejecer por que no entiende relojes, ni de calendarios, ni de prisas ni pausas. Siempre aparece en el momento correcto, la situación idónea, rodeada de los elementos perfectos. Si la ves por primera vez, necesitarás tiempo para sobreponerte del impacto, para intentar descifrar todos sus secretos, incluso aquellos que se abrazan a la evidencia. Si repites su visionado, te darás cuenta de que siempre hay algo más, que cada diálogo tiene un sentido, que cada escena se dirige con contundencia a una meta marcada por la reflexión y el debate.

En definitiva, 'El séptimo sello' no se puede abarcar de pura inmensidad. Aunque, a continuación, intentemos acercarnos a algunos de sus aspectos más sorprendentes a través de diez curiosidades que nos pueden servir para completar el fascinante puzzle que Bergman nos regaló. No será fácil, pero cumplirá también su función de homenaje a una película eterna, inolvidable. Obligatoria.