El Hollywood dorado dejó estrellas multidisciplinares que, a día de hoy, no han logrado tener una respuesta a la altura del cine actual. El género musical vivió su época de máximo esplendor en los años 30, 40 y 50 y estaba claro por qué. Entre esas grandes estrellas había una cuya técnica a la hora de bailar era tan perfecta que era imposible no rendirse ante sus pies. Está claro de quien se habla, del gran Fred Astaire.

Fred Astaire nació el 10 de mayo de 1899 en Omaha, Nebraska, bajo el nombre de Frederick Austerlizt. Hijo de un inmigrante católico proveniente de Austria y de una madre estadounidense de padres luteranos, la estrella en potencia empezó su carrera con solo seis años junto con su hermana Adele en 1905 actuando en teatros de variedades. Ya con esa edad tuvo su nombre artístico, Fred Astaire, en honor al apellido de un tío suyo. Mientras sus padres evadían las leyes de trabajo infantil de la época, la carrera de los hermanos empezaba a ganar nombre en el mundo del teatro.
Un virtuoso del baile que conquistó Hollywood
Y es que aunque ahora se le conozca por películas como 'La alegre divorciada' o 'Sombrero de copa', su fama y prestigio vinieron de Broadway. En los años 20, Astaire y su hermana triunfaban en los escenarios de Nueva York y su fama se extendió a Londres, ciudad en la que arrasaron con espectáculos como 'Lady Be Good' o 'The Band Wagon'. Fue en 1932, después de que el dúo de bailarines se separase, cuando Fred Astaire pone el ojo en el cine.

Con un pequeño debut en 'Alma de bailarina' al lado de Joan Crawford, Astaire se convirtió en una de las estrellas de RKO después de triunfar al lado de Ginger Rogers en 'Volando a Río', de Thornton Freeland. Este filme ambos tenían un papel secundario pero era tal el carisma y la química que desprendían que, en seguida, deslumbraron a los protagonistas, Dolores del Río y Raul Roulien. Tras ello llegaron los grandes éxitos del dúo Astaire-Rogers que dio títulos como 'Sigamos la flota' o 'En alas de la danza'.
Su técnica de baile era perfecta. Cada movimiento trasmitía elegancia y un excepcional sentido del ritmo, tan preciso como el de un metrónomo. Porque, sin duda, Fred Astaire era un virtuoso del baile, tanto que logró obtener la admiración de compañeros de trabajo como el mismísimo Gene Kelly. Por ello, es momento de destacar diez curiosidades de este virtuoso del baile.