Solamente por haber participado en la creación de Mr. Bean, uno de los pocos personajes realmente inolvidables que nos ha regalado la comedia en las últimas décadas, ya deberíamos estar eternamente agradecidos a Rowan Atkinson, un actor capaz de despertar la carcajada de la persona más seria. No hay escudos ni reticencias posibles ante el talento de un cómico conocedor de todas y cada una de las estrategias infalibles para arrancar la risa de todo tipo de espectador.

Sin embargo, y aunque su carrera está marcada por el personaje por el que será recordado para siempre, Atkinson ha demostrado a lo largo de su carrera una envidiable capacidad para convertir cada una de sus apariciones en una alegría para el patio de butacas. La razón es bien sencilla; cuando el británico se presentaba en la gran pantalla, uno ya sabía que la fiesta acababa de empezar. Y lo hacía. Poco importaba el nivel del gag correspondiente en el libreto, Atkinson lo iba a mejorar.

A continuación, nos metemos de lleno en su vida profesional y personal para conocer un poco mejor a un cómico esencial, el culpable mil y un dolores de barriga a causa de humor descontrolado, tan elegante como absurdo, tan inspirado como imprevisible. Probad a ver alguno de sus sketches como Mr. Bean y comprobaréis que el tiempo no ha hecho mella alguna en ellos. Humor de leyenda y esencia cien por cien británica.