Acercarse a la carrera de Laurence Oliver, algo que se debe llevar a cabo siempre con las mismas dosis de respeto que de admiración, es sumergirse en una de las rutas cinematográficas y teatrales más apabullantes de la historia. Digamos que, puestos a plantear seriamente el uso exacto del término 'Leyenda', aquí no quedaría lugar alguno para la duda. En pie, con el sombrero fuera y dispuestos a la reverencia exclusivamente reservada para los auténticos clásicos.

A lo largo de su deslumbrante trayectoria profesional, Oliver participó en propuestas tan memorables como, nada más y nada menos, que 'Espartaco', 'Rebeca', 'Cumbres borrascosas', 'La huella', 'Marathon Man', 'Otelo', 'El príncipe y la corista', 'Las sandalias del pescador' o 'Hamlet'. Palabras mayores. ¿Lo más impresionante? La cantidad de extraordinarios trabajos que dejamos en el tintero por una cuestión de espacio. Merecerían un especial aparte. O varios.

El intérprete y cineasta británico contaba además con esa envidiable virtud de convertir cada uno de sus trabajos en un ejemplo de versatilidad, contención apasionada (y viceversa) y elegancia extrema. Capaz de dotar de alma a cualquier tipo de personaje, del más bondadoso al villano más implacable, Laurence Olivier sigue siendo una referencia absoluta a la hora de citar a los más grandes de la historia. Sobran razones. Y es un placer volver a recordarlas.