Siempre es complicado intentar definir una obra maestra, tratar de explicar con palabras la perfección, encontrar las palabras que ayuden a transmitir las emociones que acompañan una cima cinematográfica de primera categoría. ¿Qué alabanza se puede añadir a la hora de hablar de un monumento del séptimo arte del tamaño de 'Manhattan'? Probablemente, ninguna. Solamente volver a afirmar que, efectivamente, estamos con toda probabilidad ante el trabajo más redondo y esencial de ese cineasta único e imprescindible llamado Woody Allen. Clásico se queda corto.

Hablamos de una película que confirmó por todo lo alto una nueva etapa de madurez en la carrera del director neoyorquino. Su trabajo previo, 'Interiores', fue injustamente tratada por crítica y público, pero el eco de la inmortal 'Annie Hall' continuaba otorgando un estatus que encontraría, dos años después, un nuevo listón a superar.
'Manhattan' es Nueva York, es Woody Allen, es Diane Keaton, es el diálogo perfecto, la escena adecuada, el encuadre oportuno, el movimiento de cámara acertado, los personajes inolvidables, la poesía en fondo y forma. No hay muchas películas mejor dirigidas ni escritas por Allen. ¿Se os ocurre un piropo mejor? Seamos serios.
A continuación, nos adentramos en este prodigio cinematográfico descubriendo diez anécdotas y curiosidades que rodearon su antes, durante y después. Una manera de rendir tributo a una película perfecta, incapaz de oxidarse con el paso del tiempo, siempre resplandeciente y dispuesta a ser devorada una vez más. Volver a 'Manhattan' es un lujo, pero debería ser una obligación. La perfección en blanco y negro. El mejor Woody Allen. Palabras mayores.