Suspiremos todos juntos, adelante. Los cines de verano, las sillas de plástico, pipas en el suelo, bocatas y botellas extra de agua y el cielo estrellado sobre nuestras cabezas. Magia. Muchos de los mejores recuerdos que puede tener un amante del cine están directamente relacionados con esos lugares que mantienen como pocos el encanto, que les cuesta mucho más hacerse mayores que a nosotros y que parecen ajenos a la crisis de turno. Existen, además, películas que parecen destinadas a ser proyectadas en ellos y 'Pacific Rim', una de las joyas de culto de Guillermo del Toro, era una de ellas.

Puede que por el camino se perdiera parte del disfrute que supone verla en 3D, que aquí sí estaba justificado, pero esta historia de robots gigantes que pelean contra monstruos gigantes mientras personajes de carne y hueso se plantean dilemas morales pequeños y sufren dramas personales pequeños que uno se sabe de memoria por haberlos visto una y otra vez, venía cargado con tantas toneladas de cariño, nostalgia y espectáculo que uno solamente puede caer rendido ante ella sin pensar demasiado en las pérdidas. A Del Toro se le puede señalar por no haber inventado nada nuevo y caer en alguno de los lugares más tópicos del género de las superproducciones, pero es que de eso se trataba en el caso de 'Pacific Rim'.
Una batalla memorable
El realizador mexicano rendía tributo a sus recuerdos infantiles y construía la película que todo amante de 'Godzilla' y 'Mazinger Z' querría ver; la película que todo chaval con ganas de acción querría ver; la película que todo amante del cine de entretenimiento grandilocuente querría ver. La película que nos reconcilia, a todos, con el espectador de cine de verano que fuimos y, en el fondo, siempre seremos. Aquí están 10 curiosidades sobre 'Pacific Rim'.