La buena conducta está sobrevalorada. De no haber sido por esa mujer afroamericana que decidió no ceder su asiento en el autobús a una persona blanca, contradiciendo lo que dictaminaban las convenciones sociales, no se hubiese iniciado la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos. A Juan Diego Botto le cuesta definir lo que entiende por tener un buen comportamiento. "La buena conducta es aquella que cumple con las normas establecidas, que se adapta a los cánones sociales, pero que no tiene por qué ser una definición necesariamente compartida", acaba diciendo.
Hay ocasiones en las que no haciendo caso a las normas sentimos que también estamos teniendo una buena conducta, como cuando ese acto de rebeldía inició un movimiento social por la igualdad. No siempre elegimos el lado correcto de la historia, ni nos identificamos con la bondad latente de un personaje, porque al final son los malos los que gustan y consiguen atraparnos. Ese James Dean en su papel de Cal en 'Al Este del Edén', o el malote Johnny Depp en la película de John Waters 'Cry Baby (El lágrima)', malos en la ficción que en cierto sentido han marcado a Juan Diego Botto. Al fin y al cabo, "esa es la historia del cine", defiende el actor de origen argentino.

Juan Diego Botto apuesta por un malo con buen fondo en la primera serie de su carrera, una producción norteamericana basada en las novelas escritas por Blake Crouch y con la que ha tenido que enfrentarse a la mecánica de aprenderse 55 páginas de guión cada nueve días. 'Buena conducta', protagonizada también por la actriz de 'Downton Abbey' Michelle Dockery, se estrena el 15 de noviembre con un doble capítulo en el canal TNT. Letty Raines, una ladrona con problemas de alcohol y drogas y Javier Pereira, un asesino a sueldo pondrán en jaque a los espectadores cuando sus caminos se crucen y seamos testigos de sus idas y venidas, y de un constante debate moral entre la versión que uno tiene de si mismo y el sueño de convertirse en alguien mejor, alguien como los que venden en las cintas de cassette de autoayuda.
Botto interpreta a un personaje que "aparte de matar gente, es un buen tipo", aunque sea algo que descubres a lo largo de la temporada. "Su contradicción es esa: una persona que en los demás aspectos de su vida intenta llevar una conducta moral respetuosa incluso con las leyes y las convenciones", explica el protagonista. "Pero que tiene ese espacio acotado en su vida en el que mata gente. No es un psicópata, no disfruta haciendo sangre". No obstante no deja de ser un personaje "inquietante y muy sorprendente" que le gustó desde el principio.

El debut televisivo de Botto junto a Michelle Dockery mezcla la decadencia y el artificio de quien intenta desesperadamente conseguir una segunda oportunidad, ser bueno y encajar dentro de los parámetros en los que la gente normal lo hace. "Lo que pasa es que en esta sociedad en la que viven, en el sur de Estados Unidos, estos dos personajes no están hechos para esa normalidad", explica Juan Diego Botto. "Pero son tus protagonistas y vas a quererlos. Ese es el reto, ponérselo muy difícil al espectador".
Dentro de esta arriesgada propuesta se enmarca "una suerte de amor retorcida" entre los protagonistas cuando Letty irrumpe en la vida de Javier. Entonces la actuación de Michelle Dockery se verá supeditada a seguir los pasos de Juan Diego Botto, sin olvidar que a pesar del lado malo de las cosas, alguien ha visto que son supervivientes. "El trabajo de Michelle es muy atractivo, muy bueno, muy profundo y muy divertido. Ocurre lo mismo con la actriz que hace de su madre, Lusia Strus, y con Terry Kinney, el agente de la condicional. Creo que ese es un aliciente para la serie"
El test de química
La primera prueba que Botto realizó en tierras estadounidenses para conseguir el papel de Javier Pereira fue una especie de test de compatibilidad con Michelle Dockery, la ladrona de 'Buena conducta'. "Fue una situación muy singular. Allí antes de hacer la prueba firmas un precontrato, es decir, las condiciones en las que vas a hacer tu trabajo los próximos meses las firmas antes de hacer la prueba", relata el intérprete. "Además llegas allí y haces lo que llaman un test de química: entras a una habitación en la que hay unas veinticinco personas, la mayoría ejecutivos y te pones a actuar. Tú vienes de Madrid a Los Ángeles con toda la presión y hay más presión añadida".
Según sus palabras, la forma de producción televisiva en Estados Unidos poco tiene que ver con lo que hacemos en España, empezando por una inversión monetaria mucho más alta que permite que el guionista y el director puedan trabajar durante más tiempo en el proceso creativo de la serie. El trabajo codo a codo con los guionistas en el set de rodaje le ayudó a entender el arco interpretativo de Javier Pereira, del que podemos ver varias escenas hablando en español con acento argentino durante el primer capítulo.