GRETA SIN GARBO

Festival de Rotterdam 2018, día 2: 'Lady Bird', entre la encantadora autobiografía y la fórmula prediseñada

En la segunda crónica cuestionamos el éxito de la ópera prima en solitario de Greta Gerwig y asistimos al estreno mundial de la última película del maestro checo de la animación Jan Svankmajer

Por Antonio Miguel Arenas Gamarra 30 de Enero 2018 | 13:03

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Con las entradas agotadas desde hace días para todas las sesiones, se podría decir que el fenómeno 'Lady Bird' parece haber también causado furor en el Festival de Rotterdam, que dentro de su ecléctica programación, repleta de secciones con una línea editorial muy particular entre sí, da cabida a los cortometrajes y óperas primas más radicales como a las propuestas más frescas del panorama internacional, muchas de ellas recién llegadas de Sundance. Pero además aprovecha para recuperar algunos de los grandes éxitos del año. Y si hay algún título que hasta el momento parece sinónimo de triunfo, ese es el debut en solitario como directora de la actriz Greta Gerwig, quinta mujer nominada al Oscar a la mejor dirección en toda la historia. Que se dice pronto. Y mal. ¿Pero hasta qué punto nos encontramos ante el descubrimiento de una cineasta con voz propia o con otra fórmula prediseñada?

Lady Bird

El principal mérito que se debe conceder a 'Lady Bird' es el fuerte componente autobiográfico del que dota Greta Gerwig al guion, que le sirve para distanciarse con un pronunciado sarcasmo de su propia construcción narrativa. Su debe, que probablemente se trate de uno de las escasas razones que la distinguen de cualquier otra comedia independiente norteamericana ambientada en el último año de un instituto. Estamos en el año 2002, en la Sacramento profunda, de colegios femeninos de monjas y rebeldía adolescente (la propia Greta Gerwig se reconoce a sí misma como una niña muy intensa), y así es la protagonista, una Saoirse Ronan que demuestra tanta ingenuidad como carisma con su actuación, que sostiene media película.

La otra mitad la sustenta Laurie Metcalf, que interpreta a su sacrificada madre. Y es que pese a tratarse de un "coming of age" de manual, en el que los primeros amores y los descubrimientos personales cobran gran relevancia argumental, el corazón de la película reside en su frágil relación materno-filial, que la directora puntúa con mucha habilidad a lo largo del metraje, desembocando en una secuencia en la que por fin Greta Gerwig consigue expresar auténtica emoción a través de los mecanismos de la puesta en escena, con un largo plano secuencia en el interior de un coche que es la única decisión cinematográfica reseñable de la película.

Lady Bird

Por supuesto se agradece su ligereza, que conecta varias generaciones y con la que sabe escapar de los puntos de trama, evadiendo cualquier torpeza dramática, pero más allá de algún que otro ácido diálogo, y de que en el fondo la película no deje de ser una correspondencia con su yo adolescente (algo reflejado en la instrospectiva secuencia final), en el guion no se encuentra ninguna clase de riesgo. Menos aún en su escasa personalidad o estilo tras las cámaras. Tristemente, la sensación que nos deja 'Lady Bird' es que en lugar de encontrar una forma de expresión propia, Greta Gerwig ha seguido el camino inverso, desaprendiendo todo lo formulado en el mumblecore, especialmente junto a Joe Swanberg, y sobre todo colaborando con Noah Baumbach en 'Frances Ha' y 'Mistress America', para entregar una versión de sí misma apta para todos los públicos. Una que habría parecido hasta demasiado de Sacramento para la propia Lady Bird. Mejor volvamos a ver 'Academia Rushmore'.

Nuestros queridos insectos

Presentado mundialmente en Rotterdam como el último y definitivo largometraje en la carrera del legendario cineasta checo Jan Svankmajer, 'Insects' es toda una rareza en sí misma que hará las delicias de los amantes de su obra de animación, porque además de permitirnos asomar a su proceso creativo, hablamos de una película de imagen real que está filmada como si se tratara de una película de animación. Es decir, con tomas cortas, pocos movimientos de cámara y con una puesta en escena estilizada, sin psicología, como el propio Svankmajer explica durante el metraje. ¿Cómo? ¿Que el director es otro personaje de la película? No exactamente.

Insects

Tras un prólogo que sitúa a la carrera a un particular hombre disfrazado de insecto que llega tarde al ensayo de una función teatral, el propio director presenta la película desde el estudio mirando a cámara. A partir de este momento, cada vez que una escena incorpora algún elemento de animación o efecto especial artesanal, sin previo aviso asistimos a una especie de making of del mismo, volviendo transparente su ejecución. A sus 83 años Svankmajer adapta la obra teatral de los hermanos Capek, escrita en los años 20, dejándose llevar por el esperpento, encerrándonos en un alocado ensayo teatral cuya condición de parábola de nuestro tiempo y sátira política insiste en recordarnos con sobrada ironía. Hay mucho de testamento artístico y vital en 'Insects', que nos remarca con su sardónico y forzoso final feliz, pero sobre todo de plenitud y sabiduría. La agilidad del montaje, su diseño sonoro, el ritmo interno de sus imágenes y la sencillez con la que integra un dispositivo metalinguístico junto al humor más salvaje (absténganse los aprensivos con los escarabajos y las cucarachas) solo está a la altura de un maestro.

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