En el western se esconde y late todo. Absolutamente todo. Vibra en medio de sus desiertos la misma esencia del cine, de las mejores historias empapadas en melancolía, soledad, venganzas sin recompensas y vidas lastradas por pasados que escuecen como balas que pasan rozando la espalda. Un género cinematográfico en el que se condensan todos los géneros cinematográficos. Utilizar la fórmula vaga y perezosa de 'Cine del Oeste' es hacerle el peor favor posible a un universo desde el que se han desprendido decenas de obras maestras. Incluso cuando se ha abandonado su vertiente crepuscular, dramática y profunda, adaptando una faceta mucho más centrada en la evasión, el divertimento y el entretenimiento se han originado joyas de incalculable valor.

No diremos que es un cine para todos los públicos, incluso cuando lo ha intentado, porque, sencillamente, no lo es. Entrar en él no es sencillo pero, una vez ocurre, quedas prendado para siempre de sus personajes, sus duelos al sol, sus miradas desafiantes, sus declaraciones de amor, sus amistades, sus enemigos, su honestidad y su verdad siempre por delante, a pecho descubierto. Hablar del western es hablar de cine en mayúsculas, un terreno sobre el que se han edificado auténticos monumentos que, si nos pusiéramos a enumerar, necesitaríamos más de 300 líneas. Aun así, se nos olvidarían algunos ejemplos ilustres y esenciales.
A continuación, nos situamos en el lado extremo de la balanza, aquel en el que se cuentan los errores con especial dolor y tristeza. Diez intentos fallidos de cineastas contemporáneos que intentaron revitalizar el género, o directamente resucitarlo en algunos casos, pero que no cargaron su revolver a la altura de la misión. Pólvora mojada en diez películas que, lástima, nos muestran el peor lado de un género que siempre vuelve a elevarse entre la multitud.