81 participantes de la Berlinale, ya sea de esta 76ª edición o de otras anteriores, han firmado un comunicado conjunto condenando el "silencio" del festival a la hora de hablar de Gaza, así como el hecho de "censurar" a los artistas que se han mojado sobre ello.
Tal y como apunta Variety, entre los firmantes se encuentran Javier Bardem y Tilda Swinton, de los rostros públicos más críticos con Israel en los últimos tiempos. También destacan nombres como Tatiana Maslany, Mike Leigh, Adam McKay y Tobias Menzies.
La Berlinale de 2026 no tardó ni una hora en ser convulsa. Preguntado en la rueda de prensa de presentación del festival por el conflicto Israel-Palestina, Wim Wenders, que ejerce como presidente del jurado, aseguró que "los cineastas tenemos que mantenernos al margen de la política. Somos el contrapeso de la política, lo opuesto, y tenemos que hacer el trabajo de las personas, no de los políticos".
La equidistancia mostrada por Wenders, que refleja a la perfección la de la propia Alemania, no calmó las aguas precisamente. Cada rueda de prensa desde entones se ha convertido en un debate sobre la política actual, hasta el punto que Tricia Tuttle, directora de la Berlinale, salió en defensa de Wenders sosteniendo que "no debería esperarse que los artistas se pronuncien sobre cada cuestión política que se les plantee, a menos que así lo deseen".
El comunicado que ahora sale a la luz apunta precisamente a Wenders por decir que el cine es lo opuesto a la política. "No puedes separar una de otra", señala. También critica a la Berlinale por haberse implicado en otras "atrocidades" como las sucedidas en Irán o Ucrania, pero callar con el conflicto palestino.
Comunicado completo
"Escribimos como trabajadores del cine, todos nosotros participantes pasados y actuales de la Berlinale, y esperamos que las instituciones de nuestra industria se nieguen a ser cómplices de la terrible violencia que se sigue ejerciendo contra el pueblo palestino. Nos alarma la implicación de la Berlinale en la censura de artistas que se oponen al genocidio en curso de Israel contra los palestinos en Gaza y al papel clave del Estado alemán en facilitarlo. Como ha señalado el Palestine Film Institute, el festival ha estado “vigilando a cineastas al tiempo que mantiene su compromiso de colaborar con la Policía Federal en sus investigaciones".
El año pasado, cineastas que se pronunciaron a favor de la vida y la libertad del pueblo palestino desde el escenario de la Berlinale informaron de que fueron reprendidos agresivamente por altos programadores del festival. Según se informó, un cineasta fue objeto de una investigación policial, y la dirección de la Berlinale insinuó falsamente que el emotivo discurso del cineasta —fundamentado en el derecho internacional y la solidaridad— era “discriminatorio”. Como dijo otro cineasta a Film Workers for Palestine sobre el festival del año pasado: “había una sensación de paranoia en el ambiente, de no estar protegidos y de ser perseguidos, que nunca antes había sentido en un festival de cine”. Nos solidarizamos con nuestros colegas al rechazar esta represión institucional y el racismo antipalestino.
Discrepamos firmemente de la declaración del presidente del jurado de la Berlinale 2026, Wim Wenders, de que el cine es “lo opuesto a la política”. No se puede separar una cosa de la otra. Nos preocupa profundamente que la Berlinale, financiada por el Estado alemán, esté contribuyendo a poner en práctica lo que Irene Khan, relatora especial de la ONU sobre la libertad de expresión y opinión, ha condenado recientemente como el uso por parte de Alemania de una legislación draconiana “para restringir la defensa de los derechos palestinos, enfriando la participación pública y reduciendo el debate en la academia y las artes”. Esto es también lo que Ai Weiwei describió recientemente como que Alemania está “haciendo lo que hizo en la década de 1930” (coincidiendo con su entrevistador en que “es el mismo impulso fascista, solo que con un objetivo diferente”). Todo ello en un momento en que estamos conociendo nuevos y horripilantes detalles sobre los 2.842 palestinos “evaporados” por las fuerzas israelíes mediante el uso de armas térmicas y termobáricas de fabricación estadounidense, prohibidas internacionalmente. A pesar de la abundante evidencia de la intención genocida de Israel, de crímenes atroces sistemáticos y de limpieza étnica, Alemania continúa suministrando a Israel armas utilizadas para exterminar a los palestinos en Gaza.
La marea está cambiando en el mundo internacional del cine. Muchos festivales internacionales han respaldado el boicot cultural al Israel del apartheid, entre ellos el International Documentary Festival Amsterdam, el mayor del mundo, así como el BlackStar Film Festival en Estados Unidos y el Film Fest Gent, el mayor de Bélgica. Más de 5.000 trabajadores del cine, incluidas figuras destacadas de Hollywood y del ámbito internacional, también han anunciado su negativa a trabajar con compañías e instituciones cinematográficas israelíes cómplices.Sin embargo, hasta ahora la Berlinale ni siquiera ha atendido las demandas de su comunidad de emitir una declaración que afirme el derecho palestino a la vida, la dignidad y la libertad; que condene el genocidio en curso de Israel contra los palestinos; y que se comprometa a defender el derecho de los artistas a expresarse sin restricciones en apoyo de los derechos humanos del pueblo palestino. Es lo mínimo que puede —y debe— hacer.
Como ha dicho el Palestine Film Institute, “estamos consternados por el silencio institucional de la Berlinale ante el genocidio del pueblo palestino y por su falta de voluntad para defender la libertad de expresión de los cineastas”. Así como el festival ha emitido declaraciones claras en el pasado sobre atrocidades cometidas contra personas en Irán y Ucrania, instamos a la Berlinale a cumplir con su deber moral y declarar claramente su oposición al genocidio, los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra de Israel contra el pueblo palestino, y a poner fin por completo a su implicación en proteger a Israel de las críticas y de las exigencias de rendición de cuentas".