Todas las películas son, para bien, mal o regular, un viaje. En mayor o menor medida, cuando una persona se sienta frente a una pantalla espera que el mundo desaparezca a su alrededor, la oscuridad se convierta en luz, los problemas se disipen durante un par de horas y, cuando toque volver a pisar las aceras y regresar a casa, lo haga con un buen puñado de emociones e imágenes en la memoria.
Pues bien, en ese sentido, el cine de Wim Wenders resulta (admirablemente) infalible. Y es que, especialmente en la memorable primera mitad de su carrera profesional, las películas del genio alemán te transportaban hasta el mismo centro de sus historias para mostrarte tanto el alma de sus personajes como los paisajes que les rodeaban, cobijaban y abrazaban. La unión del fondo y la forma convertida en milagro.

Por eso, aunque sus últimos años no han sido precisamente inspirados, al menos hasta la reciente llegada de la maravillosa 'Perfect Days', el universo cinematográfico de Wim Wenders sigue funcionando en sus piezas más inspiradas, como las diez que encontramos en este especial, como un refugio y un mapa, una bolsa de oxígeno y un poema de barro y agua, una caricia y un rugido.