'Dirty Dancing' inició la moda de películas centradas en el mundo del baile al mismo tiempo que hizo que soñar a toda una generación de los 90 con que podíamos bailar bien. ¿Cuántas veces habéis intentado hacer lo del ave? Demasiadas, ¿verdad? Su legado no es casualidad y es que, por muy comercial que sea, 'Dirty Dancing' es una película capaz de provocar lo que toda buena obra de arte debe provocar: soñar (aunque eso signifique quedar en ridículo en la piscina de tu bloque haciendo el famoso pasito).
Años 60. Estados Unidos. La burguesía acaudalada acude en busca de relax a un complejo vacacional con actividades, bailes, deportes y buenas comidas. Muchos huyendo de una realidad tensa marcada por la guerra fría y el asesinato del último presidente, y otros también huyendo pero de una realidad más dura, la de la calle. Todos bailan como gallinas, tontean con camareros, se prueban pelucas, cantan, bailan y beben como si se tratase de los años 20. En este contexto aparece Baby, una chica rica y dulce, y Johnny, un bailarín con pocos recursos y grandes aspiraciones pero anclado en un trabajo que odia. La relación de ambos pondrá en evidencia las diferencias de clases y desatará el famoso "baile sucio" que acabará uniendo a ricos y pobres.

'Dirty Dancing' fue la película más taquillera de 1987, no solo por su fuerte contexto, sino también por sus elementos extraños fuera de los estereotipos más comerciales del momento. Esta ruptura de los estereotipos la vemos materializada en personajes extravagantes como los viejetes ladrones que están siendo buscados por todo el país, la ricachona madurita que seduce a los camareros y, en especial, el personaje de Johnny, quien ejerce un papel que siempre se había adjudicado a las mujeres.
Pero 'Dirty Dancing' no solo es original gracias a sus personajes. También lo es por la manera de mezclar temas propios de esa sociedad de los 60, como el aborto ilegal o los prejuicios de clase; con drama familiar potente, con el padre que no quiere dejar ir a su hija (pero she's like the wind); o con cuestiones existenciales como la libertad para crear, como se ve en el caso de Johnny, a quien no le dejan avanzar artísticamente en su trabajo.
Por todos esos elementos que la hacen tan parodiable como entrañable, celebramos el legado de esta gran película con una selección de sus mejores momentos. No olvidéis bailar suciamente al final.