¿Es mejor quedarse con el recuerdo de los grandes tiempos o forzar la máquina para un último baile? Muchos ya se hicieron esa misma pregunta tras el estreno de 'El Padrino: Parte III' en 1990, que presentaba a un Michael Corleone muy alejado de la grandeza de antaño y sumido en los fantasmas de su pasado y en su búsqueda constante de redención.
Han pasado 36 años, pero la sensación es la misma al ver al Thomas Shelby (Cillian Murphy) de 'Peaky Blinders: El hombre inmortal'. Atrapado por las sombras de los recuerdos que le perturban, Shelby ha llegado a 1940 sin querer saber nada de lo que le sucede a su alrededor: ni la II Guerra Mundial ni la situación en las calles de Birmingham tras su marcha. Solo quiere dedicarse a escribir un libro y esperar a que la muerte llame a su puerta de una vez.
Pero como bien dijo Michael Corleone precisamente en 'El Padrino III', "justo cuando pensaba que estaba fuera, vuelven a involucrarme". Su hermana Ada (Sophie Rundle) le pide que vuelva a una ciudad ahora sin rey y precisamente por eso también sin ley. El problema es que la persona que más está desatando el caos es precisamente el hijo de Tommy, Duke (Barry Keoghan). Sin embargo, es la misteriosa aparición de Kaulo Chiriklo (Rebecca Ferguson) quien pondrá patas arriba el tranquilo pero tormentoso retiro del otrora líder de los Peaky Blinders para romper de una vez el ciclo de violencia a su alrededor.
Romper el ciclo requiere entrar en él de nuevo. Al igual que la búsqueda constante de absolución de los pecados no significa que estos te vayan a dejarte en paz mientras sigas con vida. Esas lecciones las aprendimos con Michael en aquella película, lo aprendemos con Tommy en esta. En ambas, volver a ver a dos personajes legendarios ponerse manos a la obra para urdir un nuevo plan de ataque es un regalo. Ya solo por eso valieron la pena estos dos epílogos. Pero hay que admitir que ni uno ni otro están a la altura del mejor momento de sus sagas.
'El hombre inmortal' es como cuando intentas recrear una receta de tu abuela. Tienes los mismos ingredientes, sabes lo que hay que hacer, y sin embargo no te sabe igual. Quizás sea que han pasado cuatro años desde el final de 'Peaky Blinders' y ya estamos a otras cosas, o quizás simplemente no han sabido adaptarse al cambio de formato, pero nos cuesta empatizar con los nuevos personajes y sobre todo la trama es bastante predecible.
En cuanto a lo primero, Barry Keoghan y Rebecca Ferguson hacen lo que pueden con lo que hay. De hecho, ella recoge el testigo de otros personajes femeninos fuertes de la serie como Polly, Ada, Lizzie o Grace. Sus escenas con Cillian Murphy demuestran el nivel actoral de ambos y que es el único nuevo fichaje que podría haber tenido hueco en la edad dorada de 'Peaky Blinders'.
Duke apareció por primera vez en la última temporada, pero el anuncio del recast, con Barry Keoghan sustituyendo a Conrad Khan, nos hacía ver que iba a tener una gran trascendencia en la película. Con Tommy retirado, su hijo quiere ser el nuevo dueño de Birmingham a toda costa, algo que choca con Ada y el camino que habían tomado la familia en los últimos años, donde ejercían el poder mediante la diplomacia y no en la calle a golpes y a tiros.
Keoghan logra parecer tan desnortado como cualquier otro Shelby en su actuación, pero la fuerza de su personaje se diluye como un azucarillo. Es entendible que no se quiera opacar la figura de Tommy en su 'last dance', pero nada tiene que ver el Duke de la segunda mitad de la película con el de la primera.
Al fin y al cabo, todo el desarrollo de 'El hombre inmortal' está enfocado en construir un final épico. Los últimos minutos son oro puro para los fans de la serie y sirven de cierre perfecto para uno de los mejores personajes de la historia de la ficción. Llegados a este punto, poco les importará a los seguidores que el camino hasta aquí durante la hora y media previa haya sido demasiado simple, sin escenas ni villanos demasiado memorables. Solo les apetecerá volver a ver la serie desde cero. Y harán bien.