Señalar a Steven Spielberg como uno de los grandes y más esenciales directores de la historia del cine está, a estas alturas, mucho más cerca de la evidencia que del análisis lúcido y exhaustivo. Es cuestión de cantidad y calidad. Su trayectoria habla por sí sola y a gritos, sin dar demasiadas explicaciones a todos aquellos detractores empeñados en acusar con el dedo el azúcar de más o de menos que tienen algunas de sus películas. Debe ser extremadamente aburrido quedarse en la superficie. A lo largo de varias décadas, Spielberg ha demostrado en decenas de ocasiones ser un narrador superdotado, capaz de atrapar al espectador y mantener su hipnosis durante dos horas, provocando una experiencia inolvidable. Uno de los ejemplos más claros lo encontramos en 'Minority Report', uno de esos trabajos que conviene reivindicar con contundencia y pasión.

Después de estrenar una obra maestra tan maravillosa como infravalorada, 'A.I. Inteligencia Artificial', Spielberg volvía al género de la ciencia ficción con esta adaptación de una historia de Philip K. Dick con la que el cineasta encontró una excusa perfecta para rendir homenaje al cine negro más clásico. Por supuesto que tenemos escenas de acción vibrantes, una trama trepidante repleta de giros y un Tom Cruise entregando el cuerpo y el alma en cada escena, pero por encima de todo, 'Minority Report' es una historia de detectives, engaños y crímenes (resueltos) por resolver.

Una combinación a la que Spielberg aportó dosis industriales de talento visual, de perfección técnica y de sentido del ritmo que terminaron por dar forma a una de las grandes películas de su filmografía. En este especial, regresamos a ella para señalar alguna de sus anécdotas más curiosas, factores, elementos y sucesos que marcaron el proceso creativo de una de las obras maestras de la pasada década. Imposible negarse a regresar, por enésima vez, al universo de 'Minority Report'.