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La Historia se reescribe con sangre

25 mar 2014

Cierta gloriosidad, muchas secuencias en tiempo bala, desparrame de hostiones y sangre, torsos masculinos hasta los pezones de dopamina y las tetas de Eva Green (Casino Royale, Sombras Tenebrosas), eso es lo que vamos a encontrarnos en 300: El Origen de un Imperio, el spin-off surgido de la película con la que hace ya ocho años Zack Snyder sorprendió a propios y a extraños (y que también está basada en un cómic de Frank Miller, el aún inédito Xerxes). Desde entonces, ha habido otros intentos por emular, especialmente a nivel estético, la hazaña del realizador de El Hombre de Acero, todos ellos bastante irregulares, como Furia de Titanes y su continuación, así como alguna que otra batallita griega más; sin embargo, ha tenido que regresar el mismísimo Snyder, esta vez sólo partícipe de los créditos de guión y de producción, para confeccionar una gesta que, al menos, puede presumir de ser la más cercana y efectiva de cuantas imitadoras han surgido. Y no sólo porque se trate de una historia paralela a la de los valientes espartanos, sino porque se percibe como la más próxima debido a la posesión de unas cotas de entretenimiento mucho más equiparables a la aventura capitaneada por Leónidas, aunque sin llegar a alcanzar en ningún momento el ritmo frenético y la solemnidad de esta última.


Y aunque el resultado es bastante decente, no sólo echamos de menos en el spin-off la bravura de su madre, sino que, además, añoramos a un Gerard Butler que defendió su puesto con mucho más carisma y liderazgo nato que el desprendido por Sullivan Stapleton (Animal Kingdom, Brigada de Élite), quien, a pesar de no hacerlo del todo mal, acaba condenando a su personaje a morir bajo la feroz espada interpretativa de la sensualísima Eva Green, dispuesta a arrancar de un mordisco la cabeza de Dora la Exploradora con tal de ejecutar su venganza. La archienemiga del protagonista logra acaparar toda la atención del espectador con una temible furia que es capaz de invadir una pantalla explotada de recursos visuales que pretenden impactar en la retina del público. Y lo consigue, de ahí que la manufactura sea el pilar más potente sobre el que se sustenta el film, aunque eso ya lo vaticinábamos desde el tráiler.



Lo que no teníamos tan claro era si a nivel argumental y de guión conseguiría satisfacer las ansias de los fans de 300, una audiencia que, en su mayoría, busca una acción de calidad. Como prima-hermana de la original, la cinta de Noam Murro (Gente Inteligente) ha sabido cumplir con su propósito y servir de digno pasatiempo a través de un spin-off que relata el esfuerzo durante las Guerras Médicas (500-479 a.C.) del general griego Temístocles (Stapleton) y sus hombres por unir las polis griegas para enfrentarse en la inminente contienda al ejército persa, capitaneado por esa drag queen loca que ya conocimos en la original, Xerxes (Rodrigo Santoro), quien esta vez cuenta con la colaboración de la sanguinaria y cruel Artemisa (Green).

Apartando su escasa fidelidad a los verdaderos acontecimientos históricos, la película rescata nuevamente la idea de la heroicidad del débil contra el poderoso, aunque en este caso retrata la épica con menos solemnidad que la de Leónidas, siendo la de Temístocles una aventurilla de medio pelo que no pasará a convertirse en un clásico como su predecesora y que no permanecerá en la memoria mucho más tiempo que nuestro sábado noche tras cinco Jägermeisters. Esta ausencia de grandilocuencia se debe, principalmente, a la flojera del libreto, basado en la novela gráfica de Frank Miller (Xerxes), en cuya adaptación además de Snyder, ha participado Kurt Johnstad, guionista de la primera. El tándem, en esta ocasión, ha confeccionado un script repleto de discursos facilones y tópicos que, en un momento en el que nos tenemos más que revisionada la épica de los espartanos, ni impactan ni sorprenden.



Por suerte y a pesar de las deficiencias, 300: El Origen de un Imperio se presenta como una secuela de algo más de hora y media que, al menos, proporciona un rato ameno sin llegar a transformar la función en una mera orgía de abdominales y aceite a la altura de las varias imitadoras del pasado, y eso, en los tiempos que corren, amigos, ya es un logro. No os quepa duda de que habrá más entregas y quién sabe, quizá este spin-off haya servido de puente para darnos la oportunidad de disfrutar más en futuras continuaciones de una prometedora y poco explotada Lena Headey (Juego de Tronos, Dredd) en la piel de la reina Gorgo. Siendo así, bienvenida sea esta secuela.

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'300: El origen de un imperio': Olas de sangre espesa en cámara lenta
Crítica Ecartelera
6,0