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Todo muy bonito pero...

10 oct 2009

?que no me lo trago. O sea, la espectacularidad está. La controversia, también. Los buenos actores? pues también. Pero ¿y la historia? Eso es lo que ya no está.
El (no tan) niño prodigio del cine español ha vuelto a formarla: su estrategia para convertirse en un cineasta de renombre internacional está cobrando resultados a cada película que realiza. Y hasta ahora, estaba en lo cierto, porque todos sus filmes eran pequeñas (o grandes) maravillas del séptimo arte, demostrando una enorme madurez como realizador, como guionista e incluso como compositor (recordemos de Mr. Amenábar, además de director también es un excelente músico, ahí están partituras tan lucidas como las de ?Nadie conoce a Nadie? o ?La Lengua de las Mariposas?). Pero ahora con su proyecto más ambicioso, con una gran expectativa, una gran producción, una gran difusión?¿qué le ha pasado? Ha cometido un error impropio en su carrera, que hasta ahora había tenido la lucidez de evitar: enamorarse del envoltorio y descuidar el contenido. En sus películas, él era siempre la estrella, aunque estuviera rodeado de Nicole Kidman o Javier Bardem; en esta ocasión es la británica y preciosa Rachel Weisz la que hace de maestra de ceremonias y ¿protagonista? (luego hablaremos de ello?) de un film sobre los amores imposibles. Al menos, sobre el papel, porque en realidad, la cinta es un canto, loa y homenaje al fundamentalismo ideológico, la intolerancia, y el enfrentamiento entre la ciencia y la religión. Dejando atrás las estériles discusiones del rigor histórico de ?Ágora? (como por ejemplo, que Hypatia no murió joven, sino a los 60 años, que la Biblioteca de Alejandría fue arrasada por Julio César, o que el propio Cirilo de Alejandría confesó en una carta que Hypatia era su guía del conocimiento?) el gran problema de esta esplendorosa cinta es el guión: muchos ampulosos discursos, varias secuencias espectaculares de batallas ?incluyendo cierto tono ?gore?, cabezas, miembros amputados y sangre a raudales, todo incluido- pero en realidad no existe progresión en los personajes, ni conflicto entre ellos. Es más, la historia de amor entre la protagonista y su esclavo está tan traída por alfileres que casi resulta ridícula. Eso por no hablar del diseño de personajes, absolutamente maniqueo. Claro que a lo mejor es que Mateo Gil y Amenábar pensaba que el público es tan poco agudo, que son necesarios los clichés: el bueno, el malo, la mártir? y así todo. Estamos en el siglo IV, en Alejandría, (Egipto): el Imperio Romano ahora es católico y existe un cierto recelo hacia las antiguas creencias politeístas grecorromanas, incluyendo la filosofía y todas las ciencias que ahora se enfrentan con las creencias del sagrado libro. Esta situación se torna insostenible cuando Cirilo alimenta la intolerancia de sus seguidores, azuzándolos contra todo aquel que no comulgue con la fe de Cristo. En esta terrible situación, Hypatia es una de las últimas herederas del legado de los antiguos filósofos y mantiene su status de científica y preceptora. Uno de sus esclavos, convertido al cristianismo, se debate entre sus creencias y la admiración de su dueña, que en realidad, disfraza una pasión incontenible? Todo está perfecto: escenografía, fotografía, realización, montaje, banda sonora (aunque no la haya hecho Amenábar) pero ¿y la historia? Pues que desde mi punto de vista, aburre, no avanza. Vamos, que no funciona: la presunta protagonista, siempre está en Babia, de espaldas a lo que le sucede tanto a ella como a su mundo, que se está yendo al carajo (y ella pensando en, literalmente, las estrellas mientras destrozan la ciudad, le cortan el pescuezo a unos cuantos filósofos, a otros tantos judíos?). Y en cambio, el presunto antagonista, cambiando, atormentándose por lo que pasa, intentando adaptarse a ese nuevo mundo?O sea, que es el verdadero protagonista de la historia. La verdad, un caos, con secuencias impactantes, pero todas ellas sin alma, sin chicha, sin esa esencia especial que hasta ahora había definido la obra de este director. Alguien dijo alguna vez que cuanto menos dinero se tenía, más se agudizaba el ingenio. Pues parece que los 50 millones de euros (es la producción más cara de la historia del cine español) le ha restado varios enteros al talento y la brillantez de D. Alejandro.

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'Ágora', ciencia contra religión
Crítica Ecartelera
6,7