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A Bella no le baja la regla

26 jul 2013

El otro día haciendo zapping llegué a parar ante una de esas reporteras de programas de sobremesa que ponen mas empeño en entrar en sus vestidos que en prepararse las preguntas. Y me quedé porque la chica se encontraba en la alfombra roja de la premiere española de Amanecer ante su director Bill Condon, un tipo que debutó con ese homenaje al cine clásico de terror que es Dioses y Monstruos para después desarrollar una carrera muy selectiva. De la cantidad de preguntas que se le podrían haber hecho, y sin que todas tengan que incluir por defecto las palabras "bajada de pantalones", "cheque gigante" o "penetracion vampírica", la reportera se decidió por esta: ¿Cómo se puede quedar Bella embarazada en una película que tiene a un director apellidado condón?, A la que siguió la predecible indignación del tipo. Nada más escucharla empecé a lamentarme por la imagen que proyectan en el exterior algunos compañeros. Pero tras ver la película no se me podría haber ocurrido un trabajo periodístico de un nivel más acorde al esfuerzo empleado por Condon en el film, básicamente el mismo que se necesita para retirar uno de esos profilácticos usado y estamparlo contra la pantalla del cine.

Si entre las 3 anteriores películas difícilmente hay suficiente argumento como para hacer una sola, creo que sobra decir que la decisión de dividir el último libro mira únicamente a la taquilla. Total, no hay problemas de metraje cuando los interminables planos de la pareja mirándose, besándose y volviéndose a mirar -pero esta vez de soslayo- no es que sean un recurso del que tirar, sino que es lo mas demandado por los fans. La novedad de Amanecer es que por fin una entrega de la saga cuenta algo mas allá de los zorreos de una chavala con un perturbador fetiche sexual por lo paranormal. A pesar de que Bella sigue zizañeando con frases como "solo me siento completa cuando Jacob está cerca" con Edward delante, en esta entrega nos reencontramos con la pareja ya asentada y con planes de boda.


En contra de lo esperado no tenemos ninguna escena tipo " he perdido los gemelos de murciélago que me regaló el abuelo Vlad" o "me ha salido un grano por frotarme con un perro mojado". La ceremonia llega rápido y en ella podemos disfrutar de clásicos de la comedia moderna como esa escena en la que Jacob le manda un Whatsaap a Edward pidiéndole que saque a Bella a escondidas de su propia boda para poder declararse por última vez (si, el marido le coloca toda la jugada al despechado 3 horas después de casarse), o esa otra con el chupasangre eligiendo ir de luna de miel a la casa de la playa. Un vampiro. En la playa. Y sin surfear.

Tras un buen rato de besos a bullet-time, apariciones testimoniales como la de Anna Kendrick -que como no es vampira es retrasada mental-, o de Billy Burke con la pose de "o mi hija se ha casado con un vampiro o se ha metido a una secta...Por cierto, ¿Me he teñido hoy el bigote?", llega el famoso coito, el momento más esperado por las fans femeninas (por eso de verle algo al Pattinson) y los pocos seguidores masculinos (por eso de ver cómo se hace). Pero la restricción por edades amenaza los resultados taquilleros y la secuencia no pasa de los 10 segundos con las sábanas hasta el cuello. Eso sí, queda claro que una vez que pruebas la verga vampírica es un viaje sin retorno al sexo con personas que tengan sistema circulatorio.


Pero el chaval no ha quedado del todo satisfecho y la historia de amor con trasfondo rancio (tienen que casarse para consumar) se vuelve aún más castiza apelando a la castidad y la pureza. Él no quiere repetir porque le ha provocado un par de moratones y a ella solo le falta disfrazarse de Vampirella para intentar sonsacar algo de calor de su marido. Menos mal que la semilla de vampiro siempre germina, y les basta con esa única vez para que ella quede en estado. A partir de aquí, la película se descubre con una trama con potencial como es el primer embarazo conocido (de momento, que me han chivado cosas del libro) de una humana por un vampiro, de impredecibles consecuencias y considerado como una aberracion por toda la fauna fantástica del mundillo (porque su amor es tan especial que nunca antes un chupasangre se ha zumbado a una persona). Y claro, la posibilidad de no tener a la criatura ni se les pasa por la cabeza, porque, recordemos, está bien que una joven republicana sea fan de la saga.

El miedo y la desesperación del clan vampírico podría resultar incluso reconfortante como contextualización de no ser porque todos juntos parecen esa familia disfuncional que la muñeca Barbie oculta a los medios. Mas liosas aún quedan las motivaciones de la manada de perretes, que tienen que acabar con la criatura porque consideran que un bebe va a ser una amenaza para ellos y para sus pechacos rellenos de leche anabolizada. Sea como fuere, lo que importa es que parece que esta vez los dos bandos se van a zurrar de lo lindo tras 3 cintas echando campeonatos de imprimaciones meadas. Pero claro, que esto va de amor inmortal y para batallas entre especies ya tenemos Underworld. ¿El resultado? Una escena de lucha al final de la película que además parece grabada con la cámara sobre una lavadora en centrifugado.


Ahora toca hablar del verdadero climax con los SPOILERS que eso conlleva. Este se centra en el nacimiento del retoño, en teoría, la escena polémica del film. Teniendo en cuenta que la criatura tiene alma de alien era de esperar un alumbramiento con altas dosis de gore (joder, ¡Que tiene un vampiro dentro!) Y así debe ser fuera del encuadre, porque lo que es la secuencia se conforma de primeros planos con filtros borrosos y sonidos desagradables tirando por tierra todas las expectativas generadas con la, eso sí, estupenda caracterización de una Kristen Stewart escuálida y totalmente consumida (todo CGI claro, que ni Stewart es Christian Bale ni esto El Maquinista). La llegada al mundo de Renesmee también zanja la disputa entre especies cuando Jacob decide imprimarse en la recién nacida. Que si, que a los lectores de la saga les parecerá una escena totalmente coherente, pero el resto vemos a un adulto imprimándose con un recién nacido sin que sepamos exactamente qué significa eso o si el tipo va a ponerse a mear en las esquinas.

Y es que con Bill Condon ha sucedido lo mismo que con todos los realizadores más o menos respetables que se han hecho cargo de una entrega de Crepúsculo, es decir, que ha acabado sepultado bajo su propio sudor tras leer cientos de cartas de fans amenazándole como cambie ligeramente el tono de la saga o los hechos de la novela. Y mira que el tipo apunta maneras al comienzo de la cinta al representar con cierto encanto visual el sueño premonitorio de Bella (esa tarta hecha de cadáveres). Pero al final su aportación se queda en un auto-homenaje a Dioses y Monstruos con el personaje de Pattinson viendo una cinta de James Whale en un flashback. Una secuencia que podría haber dado mucho más juego al presentarnos a un Edward que dedicó varias décadas a cazar asesinos en serie al más puro estilo Dexter.


No importa que estemos ante la entrega con más argumento de la saga una vez superada la revisión de Romeo y Julieta de la primera parte y los ecos a La Decisión de Sophie en las dos posteriores. Los propios puntales de la franquicia como la narrativa copiada de los videoclips de The Fray (sustituyase por cualquier otro grupo moñas) o sus intérpretes con el talento de figurantes impiden sacar algo de miga de una trama que esta vez sí, tenía posibilidades de drama real con el dilema sexual y abortista. Por lo menos, el escenario que nos dejan de cara a la conclusión definitiva (16 de noviembre de 2012) está lo suficientemente despejado como para que comiencen de una vez a contarnos algo. Al final, esta Amanecer Parte 1 no pasará a la historia como la peor de la saga, pero sí como la cinta que desaprovechó la oportunidad de enseñar un parto al más puro estilo Alien.

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'Amanecer: Parte 1', ceremonias que siempre se hacen largas
Crítica Ecartelera
6,4