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9,3

El aporte de Allen a las arcas de la historia cinematográfica

19 sep 2012

Es común el tópico de que "Woody Allen hace siempre la misma película". También de que "Annie Hall" es su mejor película en su "pseudo-género" de comedia-romántica intelectual. Esto es siempre subjetivo, pero no se puede criticar el cine de Allen en general si no has visto y comprendido ese punto original que intenta meter a cada película, si bien es verdad que normalmente se mueve en ese "pseudo-género". Personalmente, mi favorita es la obra inmediatamente anterior, "La última noche de Boris Grushenko", por culminar de manera brillante su etapa inicial de comedia un poco más absurda.

De vuelta al tema, Annie Hall es una caja de sorpresas. Woody Allen ya no es un director más, si no que entra en el olimpo de los mejores. Esto lo consigue gracias a la aportación de elementos novedosos, que en esta cinta están y además de manera abultada. La escena inicial de Allen conversando con el espectador, los diálogos entre personajes fuera de la pantalla, la introducción de una escena animada, hablar con los extras como si estuvieran dentro de su cabeza, los trabajados toques de humor tanto orales como visuales, la conversación que subtitulada da un doble significado...

Y para los que digan que tuvo un golpe de suerte con este film, quiero recordar otras originales aportaciones en otras películas, como la superposición de fondos en "Zelig" o el personaje desenfocado de "Desmontando a Harry".

La otra alabada película del neoyorkino, "Manhattan", se centra un poco menos en los personajes, ampliando su número, para reflejar la situación por la que pasan, el transcurso de la historia.

También me gustaría comparar "Annie Hall" y su creador con otra gran obra y gran director de la actualidad: "Pulp Fiction" de Quentin Tarantino. Los dos, como he dicho, aportan técnicas novedosas y provocadoras; el artista, en este caso el director, es libre de crear su obra tal como la ha imaginado, rompiendo si es necesario las reglas "establecidas". Evidentemente, el tipo de humor de ambos es diferente, pero también se han apropiado de un subgénero propio que prácticamente solo ellos son capaces de reproducir. Ambos han aprendido a crear historias a partir de ver historias. Lo que Allen debe a Dostoyevski y al cine europeo, Tarantino a las revistas pop y la Serie B.

Finalizo diciendo que, en parte, por decirlo de alguna manera, quizás Allen agota sus mejores chistes en esta película, lastrando irremediablemente una parte de su filmografía posterior, repitiendo gags similares a lo largo de otras películas (el "teniamos que hacer 'esa cosa'", los tartamudeos...).

Sin embargo, como ya he explicado, el pequeño genio de Brooklyn logra aportar alguna moraleja original en cada película, diferenciándose de las anteriores, lo que hace que cada una sea muy recomendable de ver, y esperemos alguna grata sorpresa como la reciente "Medianoche en París".

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