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SENTENCIA CASO ERE Griñán, condenado a 6 años de cárcel y Chaves inhabilitado 9 años
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Se la podrían haber ahorrado (y yo también)

25 ene 2019

Como amante de cómics de toda la vida, tengo que reconocer que me ha costado realizar esta crítica. Sobre todo porque cuando vi la película no podía dar crédito a tal porquería: DC cómics y Warner, tras el relativo fracaso de sus anteriores películas de superhéroes, que tenían un tono mucho más profundo/grandilocuente, han decidido que lo que vende es el despelote, las gracietas, los efectos especiales y -como siempre han pensado los ejecutivos de Hollywood, que no tiene ni puta idea de cine- "hacer lo mismo que lo que ha funcionado antes". Bueno, pues con todos esos argumentos han destilado una película que, funcionando bien en taquilla (sobre todo por un lanzamiento publicitario realmente brutal, en la más clara estrategia de "toma el dinero y corre"...), es un despropósito de proporciones realmente dantescas: es muy difícil imaginarse algo tan zafio, tan chillón, tan hortera, tan mal escrito, tan poco coherente. Un delirio de colorines que más parecen unos dibujos animados (luego hablaremos de las referencias Disney...) que una película....

Si empezamos por el principio, Aquaman siempre ha sido -y creo que será- un superhéroe menor dentro del universo DC: ni ha tenido la fama de Supermán, ni la profundidad de Batman, ni la popularidad de Wonder Woman. Es más: únicamente a raíz de formar parte de la Liga de la Justicia -el grupo de superhéroes de DC- es cuando ha sido medianamente conocido por el gran público. Sus historias siempre fueron mediocres, y salvo cuando ha sido participado de autores como Alex Ross (en su impagable saga de cómics "Justice") siempre tuvo un perfil más infantil que otra cosa.

Su traslación al cine además ha tenido otro matiz importante: se han cargado al personaje, de punta a cabo. O sea, lo han reinventado estéticamente, por la única razón de haber cogido a un personaje famoso (Jason Momoa) y como se hizo famoso con la serie "Juego de Tronos", han intentado aprovecharse por la cara de esa popularidad haciendo que Aquaman ahora sea prácticamente igual que el personaje de Khal Drogo, que hizo famoso a ese actor. Y digo lo de "actor", porque el señor Momoa es un dechado de absoluta inexpresividad, cuando no de pésima interpretación. O sea que de un ilustre y noble príncipe submarino lampiño y de cabello rubio platino -precisamente características propias del personaje, que lo definen, como a Supermán lo define su capa y su capacidad de volar (y aquí me acuerdo de la conferencia de Kevin Smith cuando le dicen que hiciera el guión de una película de Supermán en la que no volara, ni tuviera capa...)- lo han reciclado en un macarra peludo, con rastas y tatuajes, marcando musculitos y que en los momentos de máxima tensión argumental, suelta un estúpido y ordinario chiste sin gracia. O sea, el acabóse.

A nivel argumental, hay tan poca chicha que se puede expresar con muy pocas palabras: una reina de Atlantis tiene un hijo con un farero y de él nace un mestizo que rivalizará con el otro hijo para reclamar el trono de los siete mares, en una batalla submarina en la que será ayudada por... ¿la sirenita? Si, si, como lo oyes, porque Amber Heard en esta película es casi una traslación del personaje de Ariel, la mismísima sirenita, tanto en estética como en carácter. Y esto me da pie para entrar en faena: hasta el pulpo que toca la batería en la famosa película de Disney aparece en la película; hasta el rey de los mares -que ahora lo interpreta Dolph Lundgren-. Es de no creer, cuando encima los efectos digitales de las secuencias submarinas llegan a ser tan chillones, tan extremos, con tantísimos colorines irreales, que parece que estemos en un videojuego barato. Vamos, si "Avatar" te parecía irreal, esto es ya directamente de Play Station de todo a cien.

Pero es que no es solo eso, es que el desquiciado argumento no avanza con una cierta coherencia, sino que lo hace sencillamente para que las cosas salgan como debe de salir: no sabemos cuáles son las "reglas" de ese supuesto mundo imaginario donde existe Atlantis, ni los poderes que tienen los seres del océano (y que van cambiando o sorprendiéndonos sin que los esperemos, para solucionar problemas), ni la presencia de ellos en la humanidad, ni cómo surgieron o por qué, ni nada de nada. Un despiporre que tiene menos credibilidad que un (mal) cuento infantil. Porque ese es nivel, señores: una película para niños no demasiado exigentes, que además mantiene la estructura de un (mal) programa de televisión, en el que si dejas de mirar un poco para comer palomitas, chocolatinas, ir al baño o rascarte la cabeza, tampoco importa mucho, porque no te pierdes nada. Y como a los niños le gustan los dinosaurios, pues dinosaurios al canto. Y como les gustan los tiburones, pues tres mil tiburones. Y pulpos, y Krakens, y calamares gigantes, y la madre que los parió. Un desmadre de los que pocas veces he visto en la historia del cine. Todo mezclado sin orden ni concierto, y palante, que esto es pa forrarnos y lo demás nos importa tres pepinos.

Claro que ¿qué podemos esperar de un mediocre y obediente artesano como el chinoamericano James Wan, que ha dirigido horteradas de la talla de "Saw", "Insidious" o "Expediente Warren" y sus sagas? Pues eso, algo absolutamente innoble -cuando debería ser justo al contrario, hablamos de un rey, y se supone que argumentalmente Aquaman intenta heredar toda esa mitología artúrica, como el personaje de Thor en el universo Marvel y que tampoco ha funcionado...-, chabacano, insustancial, prescindible y aburrido. Porque por muchos colorines que haya en pantalla, por muchos tiburones o rayos que veamos (rayos de plasma y fuego bajo el agua, y todo eso nos lo tenemos que creer, claro...) llega un momento en que la saturación nos termina por aburrir (como sucedía con las sagas Marvel de los Vengadores, que intentaban apabullar con muchos robots generados por ordenador), sobre todo porque detrás de las imágenes no hay nada. No hay historia, no hay argumento. Ni siquiera buenos actores -los únicos que podrían medio librarse son Nicole Kidman y Willem Dafoe-, sino verdaderas caricaturas creadas a brochazos. Un completo descalabre, que no solo es aburrido, sino que además no tiene ninguna gracia, ni interés. Se la podrían haber ahorrado. Y yo también.

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'Aquaman' endereza el rumbo de DC con una apuesta sólida e irresistible
Crítica Ecartelera
8,0