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9,5

¡viva la libertad!

19 dic 2010

En este tramo final de año estamos de buena racha. La libertad creativa totalmente desacomplejada de los autores patrios está proyectándose para nuestro deleite en las pantallas de todos los cines. Tanto "CRUZANDO EL LÍMITE" (maravilla incomprendida por los de siempre), como "LA MOSQUITERA" (no se puede ir más allá, no se puede) nos mostraron el pasado mes que hay autores que creen en la libertad creativa. Ahora le toca el turno a Álex de la Iglesia con esta suerte de Esperpento denominado "BALADA TRISTE DE TROMPETA".

Brusca, feroz, enérgica, furiosa, trepidante... es obvio que el film respira todos estos adjetivos en lo formal. Pero en lo que destaca por encima de todo es en la concepción, en su argumentación racional y emocional. Habla de la reciente Historia del Estado español con frialdad, con inteligencia y con mucha, mucha tristeza. Es compasiva y acusadora con unos, con otros y con los de más allá. No deja títere con cabeza (literal y metafóricamente). Nos lamenta esta suerte de país que nos ha tocado. Nos explica el origen de nuestro imaginario artístico y audiovisual, de nuestra lamentable tele, nuestro aterrorizador arte pop, de esas pesadillas infantiles (semilla de futuros traumas) y nos pone un espejo en la cara para decirnos amargamente "¡Qué triste es nuestro país! ¡Qué triste!". Una peli con un par, vaya.

Berlanga ya lo hizo con su maestría absoluta. Ahora, décadas después, toma el relevo un Álex de la Iglesia en estado de gracia, que se ha dejado de tonterías y complejos (SPOILER:el tramo central con Areces en la cueva y luego haciendo de perro es un 10/10) y que ha hecho la película que necesitaba este país. La mejor del año. Y de su filmografía.

Esperemos que nos dé muchas más alegrías como esta obra maestra que profesa un honesto y sano amor a Tarantino por los 4 costados.

Y nos regala, además, la esperanza de que, a pesar que la caverna mediática habitual no cese de señalar y decir "eso está mal", no es capaz de influir jamás en gente como De La Iglesia, iluminando el camino de -entre otros y cómo citábamos-, sus nuevos colegas de fatigas tales como Xavi Giménez o Agustí Vila.

Creo que no hay mejor manera de acabar que diciendo ¡VIVA LA LIBERTAD!

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