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8,3

Realidad dolorosa. Realidad placentera

28 abr 2019

Mis primeras palabras serán, me encanta. No me canso de ver este último regalo de la trilogía.
Inevitablemente desde la primera película, te enamoras de Julie y de Ethan, mejor, te enamoras de sus personajes, pero en esta última entrega, damos un paso más, ya no sólo los amas, ahora también los odias en tanto que a realidad se refiere. Esas escenas maravillosas por la magnífica Grecia, esas conversaciones llenas de sentido y faltas de él al mismo tiempo, y lo mejor de todo, esas discusiones.... Oh, si, esas discusiones son lo mejor; la más mencionada escena del hotel (de la que hablaré con spoiler), es inmejorable, consiguen que te sientas en su pellejo, vives la tristeza de lo que podría haber sido esa noche, vives la furia que despiertan los reproches, vives cada ideología, vives incluso el daño que pincha un poquito en el pecho al decir verdades dolorosas... ¿Quién tiene razón? Ninguno y los dos, como la vida misma.
No hace falta que diga, que no hay mejores actores para esta trilogía que Ethan Hawke (para mí un maestro de los personajes) y Julie Deply, sobre todo sabiendo que ellos participaron en el guión, y cada uno escribió su parte de la 'gran' discusión, haciéndola lo más realista posible.

Es un placer ver cualquier entrega del trío, placentero porque recorres las calles de Viena (en la primera entrega), París (en la segunda), y ahora Grecia con sus peculiares paisajes. De verdad siempre es un placer...

ATENCIÓN, A PARTIR DE AQUÍ HAY CONTENIDO CON SPOILERS

La escena en el hotel donde Jesse y Céline discuten es maravillosa, donde los reproches comienzan con una simple conversación sobre el hijo de Jesse que vive en Estados Unidos, y terminan con el tajante y absolutamente creíble -'' creo que ya sé cuál es el problema, creo que ya no te quiero''- de Céline antes de abandonar la habitación. Esa imagen cuando Jesse, incrédulo ante las palabras que le acaba de dedicar su esposa, observa ese té que no se terminó la mujer que se le acaba de escapar ante sus ojos, esas copas de vino malgastadas y tristes de no haber sido disfrutadas, esa cama que pide a gritos la calidez de dos cuerpos... Ese silencio que ahora acecha a Jesse, y que tanto ansiaba en realidad.

También he de decir que la escena donde las tres parejas hablan sobre la mesa en casa del escritor, es dedicada a todas las edades, dedican unos cuantos minutos a describir desde el punto de vista del anciano, de los adultos y de los jóvenes, el amor e incluso el desamor según se tome cada argumento.

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