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5,2

Provoca, que algo queda

16 jul 2009

Cada uno se busca la vida como puede. Sacha Baron Cohen, viendo como está el patio; unos como Michael Myers (o Santiago Segura) se rien de personajes cinematográficos y personajes, creando alters ego como Santiago Torrente o Austin Powers. Otros, como los Hermanos Wayans, los Zucker Abrahams Zucker y demás parodiadores de éxitos cinematográficos con títulos como "SuperHero Movie", y demás, se ríen del éxito e intentan hacer versiones bizarras de secuencias conocidas. Incluso existía una tendencia de películas con cámaras ocultas, reconvertidas en programas de televisión por el relativamente asequible coste de producción, que resultaban desternillantes por ver la reacción del público. Pero hasta ahora en el mundo del Showbussiness nadie se había atrevido a combinar todos estos elementos, solo Sacha Baron Cohen, con la bandera de la provocación absoluta y una delirante e irreverente tendencia a dinamitarlo todo desde los cimientos: ahora todo vale (y cuando digo todo, créanme que digo todo...) para hacer reir al espectador. El revulsivo que para el mundo del cine supuso "Borat" -que costó aproximadamente 18 millones de dólares y que recaudó en todo el mundo unos 300 millones...- ha sido exponencialmente superado con su nuevo film, y su nuevo personaje: un presentador de televisión austriaco, gay, y deseoso de convertirse en una celebrity a nivel mundial. Si pensabas que "Borat" era lo más escatológico, brutal y desmadrado que habías visto... prepárate a ver las tendencias sexuales de Brüno y su novio pigmeo, los paseos de Brüno con sus modelitos por Israel, enfrentándose a Judíos ultraortodoxos, entrevistas con congresistas de Estados Unidos a los que se les insinúa...y así un demencial etcétera donde cada secuencia es una burrada mayor que la anterior. Pero vamos a lo que vamos, como comedia ¿funciona? Pues funciona, aunque a medias: aunque es imposible reprimir alguna que otra carcajada a lo largo de la proyección (la imaginación de Sacha Baron Cohen llega a los límites más crueles y explícitos) el producto final ha quedado mucho más deslabazado que el periodista de Kazakhstan que soñaba con Pamela Anderson. De hecho, aunque hay un mínimo guión en el film, no existe una coherencia, ni una progresión, ni nada. Todo consiste en idearse secuencias con cámaras ocultas e intentar provocar el máximo posible a la gente que esté presente. Eso, muchas veces tiene gracia, pero otras... la verdad es que no. Lo mejor que hace Cohen, es provocar: para eso se sirve de todo lo que esté en su mano, literalmente, llegando a los propios límites de la cordura. Eso, sin lugar a dudas, provoca risa por las burradas que llega a hacer (y que consigue que los demás hagan) pero tampoco es para tanto. Este provocador nato, llegado de la televisión y cuyo primer personaje, Ali G (un barriobajero y rapero inglés de origen jaimaicano) no tuvo demasiado éxito fuera de las fronteras británicas ahora la ha vuelto a liar con todo su equipo habitual. Ahora, al igual que hizo con Borat, hará una turné por todas las televisiones norteamericanas, siendo entrevistado por los más famosos presentadores como Jay Leno, Oprah Winfrey, Howard Stern o David Lettermann. Hay que tener tragaderas para aguantarle, pero lo cierto es que se ríe de todo, incluido él mismo. En este su último afán de dinamitar a los "fashion victims" ha llegado a entrevistarse con la mismísima Paris Hilton. Todo un delirio. Queda por ver si es capaz de provocarte... o no. Conmigo no lo consiguió, pero si que logró arrancarme bastantes sonrisas y algunas carcajadas, de lo burro que puede llegar a ser.

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