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9,5

En defensa de las causas perdidas

22 sep 2012

Frank Capra, soñador empedernido y máximo defensor de una América justa tal y como estipularon inicialmente los Padres Fundadores en la Declaración de Independencia, nos brinda un nuevo cuento para adultos, la película de temática política más excepcional. El joven e ingenuo Jeff Smith, un jefe de boy scouts adorado por los niños, es elegido como Senador gracias a su popularidad en su Estado. Jeff se dejará llevar por sus valores americanos y honrar el peso histórico de su cargo. Sin embargo, su idealización del país se ve cruelmente frustrada cuando descubre que a quienes consideraba amigos, quienes le eligieron para el puesto, no le tienen ninguna estima, si no que le están utilizando con fines lucrativos dejándolo como una marioneta ante la opinión pública, controlada por un importante empresario, que es quien a través de la prensa, inventa su propia verdad.
Para defenderse de esta acusación, el protagonista no dudará en desfallecer por una causa que considera justa, en un final en el que la intensidad se pone por las nubes.

El por qué del título en español (España y Argentina) lo desconozco, y eso que debo confesar que es uno de mis favoritos (además que Mr. Smith goes to Washington, Mr. Deed goes to town, eran títulos demasiado repetitivos). He desarrollado dos interpretaciones: el caballero, aquel que defendía honorablemente su patria, ha cambiado en la modernidad su espada por el diálogo. La segunda interpretación es la que describe a un personaje, en este caso el protagonista, en una cruenta batalla: un héroe desarmado ante una plaga de bestias que le acechan constantemente.

Si vemos esta película en la actualidad, sobretodo con la crisis política que se vive en todos los países, y más aún con la pronunciada desunión que existe en España, quedaremos asombrados con el patriótico y nacionalista homenaje que se hacen a los valores americanos. Nada más lejos de la realidad. Capra denuncia las injusticias sociales y el poder que ejercen los adinerados, llegando a acusar al Senado de corrupto. Esta valentía le costó que le tildaran incluso de comunista (a pesar de que la película se deshaga en elogios a textos de Lincoln y monumentos de la ciudad de Washington D.C.).

A decir verdad, la utopía que se encarga de imaginar esta vez el director italo-americano es la idealización de un político que se deja llevar por unos altos ideales de justicia y equidad (como debía ser un gobernante para Platón), en contra de actuar siempre mirando beneficios económicos. En realidad, quizás incluso para alguien como Capra era imposible de imaginar una moral imparcial que afecte a todos los países, y por eso lo limitó a Estados Unidos, que ya era bastante. Hoy en día, es impensable poder encontrar un político, o incluso persona, incorruptible, aunque bien que nos haría falta. Aún así, no debemos perder nunca la esperanza y seguir luchando a pesar de llegar a tener incluso a todo un país en contra. Y es que las causas perdidas son las únicas por las que merece la pena luchar.

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