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6,3

¡Fuera de mi barrio!

14 jun 2013

Dentro del catálogo de las comedias terroríficas que nos llegan de las islas británicas esta propuesta se queda en un puesto intermedio, pero es lo suficientemente divertida como para no dejarla pasar por los incondicionales del género.

Terry (Rasmus Hardiker) y Andy (Harry Treadawey) están dispuestos a hacer lo que sea para impedir la demolición de la residencia en la que vive su abuelo (Alan Ford). Lo que sea. Eso sí, no contaban con el apocalipsis de los muertos vivientes. Integrada en la tradición moderna de las comedias de terror que nos llegan de las islas británicas, "Cockneys vs. Zombies" se queda en un puesto intermedio de la filmografía subgenérica. Pero es suficientemente entretenida, ideal para un entorno festivalero o, cuando menos, para disfrutar en compañía de un puñado de amigos del vociferio y el palomiteo colectivo nacido de la sana unión de risas y vísceras cinematográficas.

«No podemos robar cosas de un cementerio, ¿verdad?». Y es que el debut en el largo de Matthias Hoene, también responsable de la historia en que se basa la película, da la impresión de poder haber sido más de lo que es. El trabajo tras las cámaras del director es correcto, pero la edición y la banda sonora descuadran un tanto un conjunto que alterna situaciones chocantes, que parecen incluso fuera de contexto, con indudables y descacharrantes aciertos nacidos de la confrontación entre los cadáveres andantes con un grupo de abuelos guerrilleros que se resiste a ser devorado en el otoño de sus existencias. Y esas carcajadas garantizadas hacen olvidar la dislocada brusquedad del global de la producción.

La sangre también fluye a borbotones y sin tapujos, como ha de ser en este tipo de menús antropófagos, y el elenco principal se gana los afectos del observador, siempre amante del zombie, siempre amante de cualquier innovación que trate de eludir los ineludibles clichés del catálogo cadavérico. Y dentro de esa batalla entre lo viejo y lo nuevo, entre lo lento y rápido, entre lo de siempre y lo de ahora, destaca la sublimación de su contenido social, situando la acción en el conflictivo East End londinense para regalar la carga épica y heroica a los desamparados actuales, jóvenes y ancianos olvidados por un sistema tendente a devorarnos a todos. Ellos quieren comernos, y nosotros comérnoslos a ellos. A ver.

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