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6,5

Ni los vegetarianos están a salvo

19 jun 2013

Todos sabemos que la ciencia ficción expone hechos científicos que no han ocurrido pero que podrían tener lugar en un futuro. Si por algo se caracterizaban las primeras películas sobre pandemias era por estar enmarcadas dentro del género de la ciencia ficción. Sin embargo, el tiempo ya no juega a nuestro favor, y el futuro postapocalíptico que retrataban aquellos filmes ha tomado visos de volverse realidad (recordad el desalojo masivo en México hace dos años). El tema no es nuevo. Se encuentra dentro del mismo círculo vicioso el hecho de que en África la gente se muera a diario de hambre, sida y de catarros y nadie mueva un dedo para solucionarlo y en los países desarrollados los laboratorios farmacéuticos se alíen para encontrar una cura al virus de turno que amenaza con menguar a la población. Se trata de uno de los privilegios de haber nacido en el primer mundo. Cuando nuestra tasa de mortalidad se ve afectada negativamente, la pandemia se convierte en motivo suficiente para que alguien ? en este caso, Soderberh (El soplón, 2009, Bubble, 2005) ? aparezca con su cámara.





El argumento resulta familiar para todos: Un virus aparece súbitamente y comienza a cobrarse vidas por todo el mundo. Se desconoce su origen y los únicos datos que se manejan en un principio son que se transmite mediante el aire y el contacto entre humanos y que los síntomas dan paso a una muerte rápida e implacable en pocos días. El director acierta con una estructura circular que otorga protagonismo a partes iguales a todo el reparto, sin ensalzar más a unos ni a otros, cuya finalidad es la de abarcar varios puntos de vista dentro del mismo conflicto, dotando así al filme de más riqueza en cuanto a las diferentes perspectivas desde las que se narra. Por tanto, el tratamiento de las diferentes líneas argumentales básicamente se centra en cómo se propaga el virus, quienes padecen sus consecuencias, quienes lo investigan y quienes gestionan su información.


El punto de vista de quien ha perdido a su familia a causa del virus nos lo da Matt Damon (Infiltrados, 2006), casado con Gwyneth Paltrow (Two Lovers, 2008), quien muere tras volver de un viaje de negocios, convirtiéndose así en una de las primeras víctimas. De esta manera, accedemos a la sección más amplia de la sociedad en estas circunstancias, la de los ciudadanos desvalidos e ignorantes de lo que se les aguarda. El funcionamiento de varios de los órganos que toman partido en estas situaciones está cubierto con el personaje de Laurence Fishburne (Matrix, 1999), en el papel de un burócrata que trabaja en la Oficina de Prevención de Enfermedades; que a su vez tiene a su cargo a Kate Winslet (Revolutionary Road, 2008), investigadora procedente del Servicio de Inteligencia Epidemiológica, enviada para investigar el origen de la pandemia y cuyo trabajo nos permite hacernos una idea de los protocolos necesarios de cuarentena. Por otro lado, aunque con un cometido similar, se encuentra Marion Cotillard (Origen, 2010), en el papel de una doctora epidemióloga de la Organización Mundial de la Salud. Por no mencionar a Jude Law (Gattaca, 1997), Jennifer Ehle (Posesión, 2002) o Bryan Cranston (Breaking Bad, 2008) entre otros; Soderbergh se apoya en un reparto amplio y sólido que garantiza buenas actuaciones durante todo el metraje.




Contagio nos cuenta la historia de una pandemia y de todo lo que rodea esa situación de alarma, de las consecuencias de un virus letal, incontrolable; del papel de las industrias farmacéuticas, de la fragilidad del ser humano y de la facilidad con la que es posible alterar el curso normal de las cosas, el orden preestablecido, el equilibrio conocido. El acercamiento de Soderbergh en este filme se aleja de sensacionalismos y le da un enfoque bastante realista al tema escenificando sin efectismos uno de los mayores miedos del siglo XXI. Proyecta un miedo duro, frío, casi con un tono de documental. Nos revela que cualquier situación es buena para lucrarse y una en la que impera la desesperación de la gente, más. Nos habla de la manipulación premeditada de la información por parte de los medios de comunicación y del gobierno y de cómo eso influye en una población que se rige por la paranoia colectiva ante una amenaza real y superior a cualquier expectativa.


Director prolífico e imprevisible donde los haya, Steven Soderbergh cuenta con una filmografía muy variada. Desde que triunfó en el panorama independiente de los noventa con Sexo, mentiras y cintas de video (1989) ha sabido manejarse discretamente por prácticamente todos los géneros consiguiendo pequeñas victorias que a día de hoy le permiten hacer lo que quiere. Estrenada en la Mostra de Venecia y en Sitges hace un mes, Contagio parece desembarcar en las taquillas como otra de sus películas más comerciales que a pesar de resolverse dignamente y dejar buen sabor de boca, corre el riesgo de llamar más la atención por su reparto que por un estilo bien definido.

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'Contagio', el morbo de la paranoia colectiva
Crítica Ecartelera
6,5