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8,3

Mi historia, mi dolor y mi gloria

04 may 2019

Quería haber escrito esta crítica hace tiempo, pero no encontraba el tiempo o la manera adecuada de hablar sobre esta película. Aunque eso no significa que no vaya a improvisar a medida que sigo escribiendo. Quizás no haya una manera más apropiada de hablar sobre Dolor y Gloria, ya que lo que cuenta Pedro Almodóvar a manera de confesión es, entre muchas cosas, un relato sobre la inspiración y las historias. Pero no estaría escribiendo estas palabras después de un tiempo si no hubiera más cosas de las que hablar.

Es inevitable eludir el tono autobiográfico que tiñe a Dolor y Gloria. La narrativa no lineal, la falta de un argumento claro solo reafirmar continuamente el verdadero espíritu de la cinta. Pues la única constante, el único centro pivotal es el protagonista, Salvador. Cada escena sirve para ahondar en sus secretos y viajar a sus sentidos. Antonio Banderas es, gracias a Dios, más que capaz de llevar a cabo esta interpretación, siendo responsable de que este viaje hacia el dolor y la gloria nos acoja cálidamente como pasajeros. Por supuesto, actores como Asier Etxeandía y Julieta Serrano guardan momentos cumbre, sin embargo todos estos ayudan a conocer a fondo para al personaje protagonista.

Una introspección así no tiene una trama clara, pero guarda reflexiones, imágenes y líneas de diálogo para la memoria, si bien hay algún que otro descenso por el camino, donde se cruzan temas de todo tipo, ya sean el amor, la soledad, la enfermedad, la tradición, la adicción o el paso del tiempo. Puede perderse el rumbo claro de la narración en ocasiones, pero no me cabe duda de que es justo así como Almodóvar pretende. Al fin y al cabo, es la manera en la que quiere contar su historia. Porque a pesar de que siempre se añada magia y dramatismo en el salto de realidad a ficción, cada gesto y confesión de Banderas abren una puerta a las entrañas del consagrado cineasta.

La precisión del montaje, la limpieza de cada plano y la maestría que desprende la banda sonora de Alberto Iglesias son recursos cuidadísimos, todos al servicio de la que probablemente sea la obra más personal de su director. El público más fiel al manchego sabe de su maestría a la hora de crear cine, y quizás sean estos los que más disfruten de una película que hable tanto de su autor. Pero yo mismo, habiendo solamente visto 3 de sus largometrajes, he quedado admirado ante su labor cinematográfica. Me llena de alegría saber que se verá en Cannes este año, y estoy ansioso por las diferentes reacciones que puede suscitar en el extranjero.

Al fin y al cabo, Dolor y Gloria es una película que muy fácilmente puede no gustar a todo el mundo y que puede hablar a muchas personas de maneras distintas. Ahí creo yo es donde reside la belleza de la última película de Pedro Almodóvar.

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'Dolor y gloria' es la película más sencilla, honesta y dolorosa de Almodóvar
Crítica Ecartelera
8,0