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7,4

El buen guión

04 jul 2007

El guión de la segunda película con Robert De Niro tras las cámaras (en 1993 debutó como director con Una historia de Bronx) corre a cargo de Eric Roth (Alí, Forrest Gump, El hombre que susurraba a los caballos, Munich, El dilema), y tiene como principal protagonista a Matt Damon, respaldado por un amplio elenco de actores secundarios de la talla de Angelina Jolie, Alec Baldwin, John Turturro, William Hurt, Timothy Hutton, Joe Pesci, Michael Gambon o el propio De Niro.

Lo cierto es que con semejante cartel, uno puede casi dar por sentado que, sea cual sea el tema en torno al cual gire la película, va a pasar un rato entretenido. Pero, ¿de qué trata El buen pastor? La película nos cuenta la historia de Edward Wilson (Matt Damon), desde su graduación a principios de los años cuarenta en la universidad de Yale y su ingreso en la sociedad secreta denominada Skulls & Bones, hasta el fiasco de Bahía de Cochinos de 1961, precedente inmediato de la crisis de los misiles de Cuba, que a punto estuvo de provocar una IIIª Guerra Mundial. Wilson se convertirá en una de las piezas clave de la recién fundada agencia de inteligencia norteamericana, la CIA, como respuesta a la KGB soviética, y formará parte de la lucha secreta entre las dos superpotencias, que recibiría el nombre de Guerra Fría.

El buen pastor es una película tremendamente interesante, narrándonos algunos de los acontecimientos más importantes de la historia moderna como la intervención del ejército norteamericano en la IIª Guerra Mundial, la inmediatamente posterior creación del nuevo mapa de Europa por parte de los Aliados, la carrera armamentística, la ascensión de Fidel Castro al poder en Cuba con las anteriormente citadas consecuencias, y los primeros precedentes de lo que en el futuro se denominaría Guerra de las Galaxias. De hecho, tan sólo se hecha en falta la crisis del Canal de Suez para ponerle la guinda al pastel, si bien las dos horas y media largas que dura El buen pastor no dan ya para más.
Sí, habeis leído bien: 160 minutos de espionaje y contraespionaje.

A lo largo de más de dos décadas, el personaje interpretado por Matt Damon moverá los hilos pertinentes, desenmascarará a los agentes dobles de la KGB, y tratará de introducir sus propios topos en la inteligencia rusa, anteponiendo un estricto sentido del patriotismo (marcado por ciertos acontecimientos de su infancia) a su vida personal, hasta que ambos mundos coincidan en el clímax final de la historia.

Hay muchos aspectos a destacar en El buen pastor, desde la más que correcta actuación de todos y cada uno de sus protagonistas hasta su método de narración no cronológico, que nos va ofreciendo piezas de un rompecabezas que lentamente va tomando forma; por otro lado, la película trata de no dar preeminencia a ninguna de las historias que confluyen en el personaje central, Edward Wilson, ofreciéndonos abundantes y consistentes secuencias de su fracaso matrimonial, eso sí, siempre con la sombra de su trabajo planeando sobre él. Además, cabe destacar la curiosa relación entre Wilson y su homónimo ruso (Oleg Stefan), los cuales se van encontrando a lo largo de la historia y a los que les une, más que un mero respeto profesional, una cierta afinidad y simpatía mútuas, a pesar de que tan sólo se conozcan por sus nombres clave (los norteamericanos llaman a Siyanko Ulises, y los rusos apodan a Wilson Blanco).

Por contra, debo admitir que la trama de El buen pastor se desarrolla de manera lenta, sin acción alguna con la que amenizar la historia, siempre entretejiendo una historia sin sobresaltos pero con una contínua tensión palpable en el ambiente y que se va complicando por sí misma con cada paso que da, por lo que hay que armarse de paciencia, obtener una posición cómoda en la butaca, e ir predispuesto a disfrutar de más de dos horas y media de buen cine de espías.

En resumen: una gran película de excesivo aunque necesario metraje, que fascinará a los admiradores del género de espías pero que puede llegar a desesperar a los espectadores casuales.

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