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Una franquicia con 7 vidas

22 jun 2013

Atención a la inteligentísima jugada de los chicos de Dreamworks. ¿Cuál fue el punto fuerte de la primera Shrek? Sin duda, esa vuelta de tuerca a los cuentos infantiles cargada de humor negro y una tronchante humanización de figuras hasta el momento intocables como Pinocho o la princesa en apuros. Sí, el protagonismo de un antihéroe como el ogro verde ayudaba a reforzar esa sensacion paródica, y seguramente el film no hubiera tenido el mismo éxito con un rol central convencional. Pero 3 entregas después y con el personaje de Shrek exprimido hasta el límite (ha sido padre, rey e incluso humano) se hacía necesario volver a cambiar las tornas. Y en eso consiste El Gato con Botas, en la recuperación de este contexto tronchante que no deja títere del mundo de los cuentos con cabeza, pero esta vez al servicio de un héroe de los de toda la vida, de esos que bailan tan bien como pelean y a los que las gatitas persiguen como a un ovillo de lana recién enrollado.

Ya hemos dejado claro que el valor añadido de esta franquicia se encuentra en el tono general mas que en hechos concretos. En este caso, los 5 guionistas (si, ¡Cinco!) se sirven de la historia de Jack y las Alubias Mágicas -ya sabéis, una enredadera XXL, un palacio en las nubes, gigantes y huevos de oro- para poner en movimiento al protagonista, porque es una opción tan buena como cualquier otra. Donde flojean es en el relato de los orígenes del Gato: el día de su adopción, como desde pequeño ya era un azote para los criminales o el comienzo de la relación con su escudero Humpty Dumpty (Zach Galifianakis), que cuelga el traje de personaje secundario para convertirse en uno de los principales protagonistas de este spin-off sin que nadie lo haya reclamado.


Aunque exista una gran vinculación entre lo que nos narran los flashbacks y la aventura que están viviendo los personajes, se antoja innecesario presentar a un héroe que ya conocemos de sobra. Y más cuando esas escenas están resueltas casi automáticamente sin que aporten nada a un personaje que ya anda sobrado de carisma y en las que casi es mejor quedarse con el retrato de Humpy Dumpty, entre Leonardo Da Vinci y Oliver Hardy (el gordo de El Gordo y el Flaco). Quién iba a pensar que darle tanto protagonismo a un rol tan limitado iba a ser una ventana abierta de posibilidades. Eso sí, todas las connotaciones sexuales que se puedan dar entre un huevo y un gato, por extraño que parezca, se dan. Menos mal que tenemos por ahí al personaje recurso de Salma Hayek para sacar a Puss del armario (que a mi me da igual, pero con un huevo hubiera sido raro, ¿No creéis?).

Si en la reseña de La Piel Que Habito nos lamentábamos de lo grande que le quedaba el personaje principal al malagueño saleroso, en este caso se trata de todo lo contrario. Banderas ha construido al gato no solo desde su primera aparición en Shrek 2, sino también desde su trabajo en otros films, y simplemente, no hay otro interprete capaz de conseguir esa voz ronca en spanglish con tanto magnetismo como Banderas. El personaje principal no solo no resulta cansino en su versión extendida sino que funciona tan bien como lo pudo hacer el Zorro en la primera de las dos películas protagonizadas por el actor. No en vano, en ningún momento se ha ocultado que el minino es un reflejo casi idéntico al del enmascarado al que dio vida nuestro Antonio con su habitual pasión latina out of fucking control (si han hecho una colonia con su sudor será por algo).


La ambientación de la que os hablaba al principio encuentra su mejor reflejo en el film en los cazadores de gigantes Jack y Jill, tan fieros y sanguinarios como deseosos de tener un hijo al que darle todo su amor. La única pega es que tras su presentación como villanos de la historia, su presencia se va diluyendo en la cascada de antagonistas que es el ultimo tercio de film, que sí, que ayudan a que el ritmo no decaiga en ningún momento, pero restan algo de empaque a un conjunto en el que al final solo Gato tiene espacio para lucirse. Porque es normal que la presión derivada de la necesidad de demostrar que un personaje secundario pueda tener su propia franquicia acabe pesando.

A pesar de todos sus fallos, El Gato Con Botas es una de esas pequeñas sorpresas que nos da Hollywood de vez en cuando. Porque a nadie le hubiera extrañado que esta película se hubiera planteado originalmente para el mercado doméstico como el resto de cortometrajes o mediometrajes de la franquicia Shrek. En cambio, en Dreamworks han creado una aventura para el gato que no tiene nada que envidiar en gags y espectacularidad al ogro verde en sus mejores tiempos. Una mezcla equilibrada entre humor infantil y referencias más maduras en la mejor línea de la propuesta que nos hizo Dreamworks hace ya 10 años. Y de paso, el refugio perfecto para un Antonio Banderas que llevaba años sin poner un pie delante del otro cuando solo necesitaba el calzado adecuado.

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