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moore

8

Valor oculto.

31 jul 2014

El hecho de que sea una película pequeña la hace tan grande.. Porque lejos del esplendor de las lujosas producciones millonarias invita a fijarse en los pequeños detalles, los cuáles muy bien distendidos suponen todo un espectáculo al espectador que se hace preciar. Para apreciar tal despliegue de contrastes, insinuaciones sobre la gran pantalla, esencias y escondites de la acción tan solo es necesario fijarse, la película te atrapa sola. El estilo de Sean Penn se pronuncia aquí como una auténtica maravilla, valor supremo, lejos de que podría parecer a primera vista. Después, el otro gran valor es Jack Nicholson, que se presenta aquí con un rol que quizás tenga poco que ofrecer, con poco margen para destacar y sucumbir al público, pero que sin embargo a mí me ha fascinado (como siempre, Jack ;-]) y por lo que veo a los demás también. Parece fácil, pero no lo es, la capacidad para llevar a un personaje que no sea tan vanidoso, no solo de una forma sin que el espectador no se aburra, ni rebuzne ante la indiferencia que le produzca su actuación, - y por consecuencia el vació del resultado, - sino que haciendo que la propia actuación sea soberbia en sí. Tal es como ocurre, y esa interpretación deja constancia de unos matices de insólita caracterización que concreta detalles del propio personaje, haciéndolo más interesante todavía. Será el arte de 'llevar a un personaje' sin florituras ni demasiado recursos interpretativos, el caso es que nunca un personaje tan plano y de naturaleza intranscendental ha brillado tanto y haya incentivado ganas de aplaudir. Se les viene a la cabeza las palabras 'cine', 'gran pantalla', 'sala repelta'. Pues olvídense porque esta película nunca ha sido proyectada en ningún cine, goza de poco presupuesto y los que intervinieron en ella cobraron poco. Es difícil explicar el transcurso de la película, enunciarlo en líneas escritas, ya que se limita a ser un cúmulo de insinuaciones, detalles y amagos de distintas cosas que llaman la atención del espectador y turban su consciente hasta sembrar la inquietud, así como provocando unas reacciones determinadas de los personajes.

Aquí Sean Penn ha estado jugando con nosotros, - al igual que en 'The Game', - durante toda la película poniéndonos a prueba y buscando las cosquillas a nuestra innata tendencia de esclarecer los hechos. Es, a su manera magnífico. Entrada la segunda mitad, los hechos del principio parecen quedar lejanos, en los que una serie de detalles inspiran temor en el espectador y en un Harry que ya ha rehecho su vida. Es algo incesante, ve presagios por todas partes. De especial impacto es el momento en el que el veterano ex-policía ve a ese niño gordo que encontró el cadáver de la niña del caso que nunca se cerraría y el pobre Harry se dejó la vida y el juicio, tratando de resolverlo para así cumplir con su juramento con las más buenas intenciones. De hecho lo consiguió, pero una carambólica mala pasada le impidió la materialización del logro, del triunfo personal y sobre todo, de la apacibilidad de la conciencia de que el mal se había erradicado. Y el siniestro panorama para el que se habían brindado toda serie de condiciones propicias para que la aterradora pesadilla se volviese a repetir, y en efecto, como tal se iba a producir, y ahí estaba Harry, que supo leer a la perfección todas las señales que le había deparado el malévolo destino como un buen cumplidor de promesas, para impedir la efectuación de un nuevo atroz asesinato, que funcionaba cual el ritmo de una terrible pesadilla, que una vez ocurrida había de pasar mucho tiempo para esperar que el tormento se apacigue, para volver a infligir el horror de nuevo y con más fuerza que nunca. ¿Pero qué asesinato? La dicha combinación de sucesos que se hacían presagios y que en aquellos momentos sonaba con más fuerza que nunca en la mente del malogrado Harry; era un impulso innato imposible de incumplir, el de seguir esperando e investigando. Pero el destino se comportó con crueldad extrema con Harry... Pobre hombre...

Aquí, a diferencia de lo que ocurre en otros muchos cuentos hollywoodienses, hubiera deseado un final clásico, creo que sería lo más adecuado. Y lo más justo. Lo admito, esta película ha despertado al idealista que llevo dentro.

Y es que Harry tenía razón. Me quedo con el momento de cuando los ex-compañeros regresaban de aquel claro del bosque en su coche, afirmando unánimamente el agravante desvanecimiento de la plenitud tanto mental como psíquica de Harry, insinuando como una de las posibles causas de tal atisbo de locura su insatisfacción existencial. Necios ignorantes...

Pero a veces los que ganan en esta vida son los vulgares palurdos mentecatos, felices, sumidos de lleno en su desconocimiento y tan limitados en lo que al pensamiento y razonamiento se refiere.

No estoy hablando de una proyección mental extraordinaria ni de sabiduría, tan solo del sentido común innato humano que en muchos se pierde con los años.

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