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4,1

Sin brillo

13 feb 2016

Pues la vi ayer y me gustó regular. La historia es interesante, basada en hechos reales, recrea la construcción del muro de Berlín y la naciente DDR, la fotografía me gustó (me recordó mucho a El Pianista), la puesta en escena es muy buena ¡Es Spielberg! (aunque con algunas sorpresas; es muy chocante que esté nevando a todo trapo en Berlín cuando es primavera en Brooklin o que, de la larga fila de gente que está esperando para pasar el muro de Berlín, solo Tom Hanks tiene frío y exhala vaho al respirar y alguna otra que luego comentaré), pero el ritmo de la película es lento, resulta algo monótona, de no mucha intensidad y acabó por hacerse un poco larga.
Comienza presentando a un abogado honesto (por lo que parece, ambos términos constituyen un oxímoron), que no se arredra frente a la inercia de una justicia que deja de lado sus obligaciones éticas cuando se trata de ir a la guerra contra el enemigo de la nación: el comunismo. Eran años de la guerra fría y la población americana estaba imbuida hasta la histeria de terror al comunismo. Los años de la caza de brujas. No está mal para empezar pero la narración carece de sutileza hasta rozar lo infantil. Esa justicia tan carente de ética y ese abogado tan desubicadamente íntegro, chirrían. Así mismo me resultó poco creíble lo que conseguía nuestro honesto abogado con discursitos pretendidamente profundos y convincentes pero que en realidad no son más que obviedades. A quien no le haya parecido así, le invito a que los vuelva a escuchar: puras obviedades, quien no defiende eso.
A Tom Hanks lo encuentré con oficio pero sin brillo. Ya quisiera Tom Hanks, en este papel, parecerse al Atticus finch (Gregory Peck) de ?Matar a un Ruiseñor? aunque solo fuera de lejos (que maravilla de película y de novela).
Luego Spielberg parece que pretende discurrir por un sendero ecuánime en su crítica a la sociedad occidental y a la soviética. Ambas tratan a su prisionero de forma censurable y tanto la CIA como la KGB quedan en entredicho. Pero volvemos a lo mismo, el agente de la CIA es tan estúpido, el pobre, que uno se pregunta como un organismo así es capaz de influir a su antojo en los destinos del mundo si cuenta con tipos como ese y el miembro de la KGB es igualmente esperpéntico, el actor parece escogido en un casting de individuos que cumplan a rajatabla con el ideario americano de lo que es un ruso. Si hubieran tenido que incluir a un español hubieran buscado un torero. No pude menos que sonreír al ver a aquel rostro de formas redondas, entradas simétricas en el cuero cabelludo y gafas de cristal cuadradas. Previamente ya me había reído bastante en la escena en que la falsa familia de Abel recibe al abogado Donovan en la embajada rusa, con esa esposa rusa copiada de las matriuscas que venden a los turistas en Moscú. Bochornoso.
La historia del estudiante es claramente un pegote que ha incluido, como ha podido, por fidelidad a los hechos y lo aprovecha para enaltecer a este abogado tan integro que consigue el cange de los dos prisioneros aun en contra de las órdenes de la malvada CIA (perdón por el spoiler para los que no la hayan visto).
Pero ya digo, aunque pretende cierta ecuanimidad, no lo consigue y se le ve la pluma patriótica inclinando la balanza a la estupenda nación americana frente a la oscura y atroz sociedad comunista, con abatimientos en el muro de Berlín incluidos. Que termine pintando al pobre piloto americano como un cobarde tiene poco peso cuando nos hemos hartado de ver cuan íntegro puede ser un americano. Sigue en la línea cuando, en el texto final, nos incluye los miles de ciudadanos que el abogado Donoban consiguió liberar gracias a sus dotes de negociador, que no es que yo quiera decir que no las tuviera, pero nada se dice de cuanto dinero soltó el gobierno americano, bajo cuerda, para conseguir aquellas liberaciones. Como si Castro fuera tan estúpido de dejarse convencer por los discursitos sobre integridad moral de un americano.
Con todo lo que llevo dicho, mejor no hablo de los toques sensibleros ni de los golpes de efecto como las escenas del autobús, situadas al inicio y al final de la película.
Algo más interesante es el personaje Rudolf Abel interpretado magníficamente por Mark Rylance, un actor que, según he podido averiguar, proviene del teatro y tiene poco recorrido en el cine. Pues que no lo dejen escapar porque es fantástico.
En fin, me ha parecido una película no tan buena como la están pintando. Pero si todo el mundo lo dice, será que estoy equivocado. Hace poco vi Caballo de Guerra, también de Spielberg, y me gustó muchísimo más.

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