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Aitz

9

Única. Puro entretenimiento con una huella dactilar irrepetible

26 jul 2013

El Quinto Elemento es una de esas películas que muchos jóvenes de la generación 80/90 recordamos con especial cariño por haberla visionado durante nuestras infancias. ¿Verdad que sí? Nunca será oficialmente reconocida por su guión o por su influencia en el cine, pero lo que no hará falta confirmar es la simpatía con la que muchos la recordamos y las dos geniales horas que nos proporciona cada vez que la vemos.

La cinta de un solvente Luc Besson ha envejecido bien, muy bien. Obviamente sus efectos digitales han sido ampliamente sobrepasados, pero ni ellos, ni sus extravagantes personajes, ni sus trepidantes momentos de acción exagerada caen en lo ridículo. Todo lo contrario, se palpa una brillantez, una soltura, y una desvergüenza sin miedo por crear una historia loca que ya no estamos acostumbrados a encontrarnos en el cine. Cada elemento aportado en su justa medida da lugar a un resultado genial, en el que nada -por alocado que parezca- queda fuera de lugar y todo es necesario para crear un futuro inverosímil y muy divertido.

Ante todo, El Quinto Elemento acierta en el hecho de no tomarse a sí mismo en serio. Nos ofrece sus momentos de sentimiento, sus breves segundos de dramáticas catarsis, pero todo envuelto en un humor facilón y casi absurdo que nos ancla la sonrisa durante todo el metraje, y que permite el total disfrute sin mayores pretensiones.

Pero si hay algo, por encima de todo, por lo que adoro al film protagonizado por Bruce Willis, es porque -en mi opinión- contiene una de las mayores concentraciones por película de personajes carismáticos. Y me refiero a REALMENTE carismáticos. Personajes con personalidades únicas que jamás olvidaremos. Es como si en Piratas del Caribe hubiéramos tenido a 6 tipos de la trascendencia de Jack Sparrow juntos.
Empezando por Korben Dallas que... ¡Maldita sea! No finjamos que Willis no nació para ese papel... Pasando por una novata Mila Jovovich interpretando a la Leeloo que se convertiría instantáneamente en personaje de culto admirado incluso por algunos que no han visto la película... Siguiendo por el desvivido sacerdote Cornelius del fantástico Ian Holm... la enigmática Plavalaguna... el inolvidable e histriónico Ruby Rhod que da vida Chris Tucker (el único, creo yo, que podría haberlo hecho tan bien)... Y terminando por el actorazo Gary Oldman y uno de los mejores villanos del cine: Zorg. Además de muchos otros.
Todos tienen la personalidad que solamente concederías a un protagonista para tu película estrella. Pero en esta conviven para formar un grupo coral de gente extraña que lanza la cinta al firmamento de la genialidad.

La guinda del pastel podríamos encontrarla en la extraña y anacrónica música de Eric Serra que, puede que gracias a esa rareza que ella y el metraje comparten, se convierte en la pieza de música perfecta. Un acompañamiento sonoro a la altura.
¡Quién no sintió un breve amor por la ópera durante ese concierto de la Diva antes del climax del film! ¡Quién no escuchó esa canción una y otra vez por internet!

El Quinto Elemento encuentra su pequeño y perfecto hueco en un mar de géneros, y destila su propia huella dactilar para dejar una marca en la historia del cine y ser recordada como la definición perfecta del puro entretenimiento. Aquel por el que adoramos el séptimo arte.

¡MUUUULTIPASE!

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