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3,8

Tedio

04 jul 2007

Parece ser que el amigo Wes Craven ha encontrado un verdadero filón en esto de los remakes: La maldición, Pulse, Las colinas tienen ojos... Y ya prepara una versión actualizada tanto de Shocker: 100.000 voltios de terror, como de su ópera prima La última casa a la izquierda.

Lo cierto es que, viendo el resultado de dichos remakes, más le valdría al creador del entrañable Freddie Krueger dedicarse a la petanca, pero había ciertas expectativas en torno a El retorno de los malditos, pues su predecesora Las colinas tinene ojos ha sido, sin duda, la única adaptación de Craven que ha merecido la pena.

Y con diferencia.

Las colinas tienen ojos era salvaje, brutal, perturbadora. No daba margen al espectador, y a quien no le gustara, simplemente era porque no sabía lo que iba a encontrarse, pues en su género es algo verdaderamente digno de ver y, sobretodo, un soplo de aire fresco. Y la pregunta era: ¿qué sucederá con la secuela? ¿Se liará el amigo Craven la manta a la cabeza y se pasará de vueltas, o realizará un producto insulso y aburrido, tal y como ocurriera con la secuela original? Pues bien, creo que la tópica máxima de 'el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra' es más que adecuada para exponer el caso de El retorno de los malditos.

La película comienza mostrándonos el parto de la única superviviente de Las colinas tienen ojos, la cual es inmediatamente ejecutada por uno de los mineros mutantes que poblan esa zona desértica de Nuevo México que es el sector 16. Allí se dirigirán un grupo de soldados en período de instrucción para entregar material a los científicos de la zona, de camino a un polígono de tiro. Y ésa es la excusa para que los mutantes se dediquen a cargarse uno por uno a los protagonistas, a excepción de las féminas que serán debidamente violadas para perpetuar su especie.

Lo cierto es que tampoco hay nada malo en la trama, si es que uno quiere ver masacre, sangre y casquería, cosa a la que personalmente iba más que predispuesto, pero el producto final deja mucho que desear.

En primer lugar tenemos un planteamiento excesivamente burdo incluso para una película de terror de serie B, con incongruencias varias que no hace falta que explique, pues a medida que vayais viendo la película las ireis descubriendo vosotros mismos. En segundo lugar, tenemos al típico grupo de soldados constituído por el tonto del pueblo, el chulo piscinas, la tía buena, el sargento cabrón, y otros muchos clichés, cosa que tampoco es necesariamente mala, pues esos mismos tópicos podemos encontrarlos en la grandísima Aliens: el regreso, con personajes tan carismáticos como Hicks, Hudson, Vásquez o Apone, o incluso en Starship Troopers, esa sátira a los marines tan pasada de vueltas del amigo Verhoeven, con estereotipos tan descarados como Rico, Flores, Ibanez y demás. Pero es que en El retorno de los malditos no se salva ni uno; no hay ni un ápice de carisma en ninguno de ellos, ni un ligero atisbo de afinidad. Se dedican a soltar tacos sin motivo alguno y a mostrar su incompetencia sin tapujos. Tampoco estoy pidiendo a un Robert Duvall en Apocalypse now ni a un R. Lee Ermey en La chaqueta metálica, pero hay extremos y extremos.

Por otro lado, incluso la matanza a la que se ven sometidos resulta tediosa, sin la hiriente crueldad de su predecesora y sin mostrarnos apenas gore (qué menos), ni violencia explícita salvo en contadas ocasiones, por lo que ni eso podemos decir en favor de la película. Insultantemente oscura en su segunda mitad, hay momentos en los que ni siquiera sabemos qué está ocurriendo en la intrincada red de túneles de las minas, por lo que la experiencia puede llegar a resultar soporífera. A eso añadidle un mutante que, no se sabe por qué, pretende ayudar a los soldados a escapar, y obtendreis El retorno de los malditos, una verdadera mediocridad de película, que tanto nos podría haber ofrecido si el director, Martin Weisz, o el guionista, Wes Craven, hubieran osado realizar un film mínimamente transgresor.

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