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SPR4

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En el nombre de Daniel Day-Lewis

23 ago 2014

*Aviso* Que sepas que si no has visto la película esta crítica puede resultarte algo... reveladora.

Las canciones de amor en Irlanda, son tristes, mientras que las de guerra, son alegres. Estas palabras, que he tomado prestadas de la maravillosa novela de Colum McCann Transatlántico, resume a la perfección la identidad del pueblo irlandés.

Un pueblo ligado íntimamente a su propio sufrimiento, embriagado de alcohol y bañado en lluvia, hostigado a lo largo de toda su historia por el hambre, la guerra y por la injusticia de los hombres justos. En el nombre del padre toma prestada esta identidad y la hace cine, destila sus jugos y los fermenta en rabia, en odio, en IRA.

Es una historia tan imposible que solo puede ser real: un joven alocado de Belfast que es detenido, torturado, juzgado y finalmente encarcelado por un crimen que no cometió; la falta de escrúpulos de un sistema desesperado por acabar con el terrorismo, de rencores que se remontan años y años de conflicto, y que quedan reflejados en una sola frase de la película «es una guerra sucia», y tan sucia, no hay inocentes, y desde luego, no hay culpables, los errores no se admiten, todo lo demás son daños colaterales de una guerra. Sucia.

Pero de la injusticia y la desgracia personal de Gerry Conlon (Daniel Day-Lewis) y el resto de los cuatro de Guildford llega la magia de la condición humana, la fortaleza que hereda un hijo de la aparente debilidad de su padre, y aparecen de nuevo los rencores, los reproches y las carencias, pero esta vez surgen de las siempre complicadas relaciones entre padre e hijo.

A Gerry le da igual todo, el pierde la esperanza en el mismo momento en que pone un pie en la cárcel, incluso empieza a justificar las acciones violentas de los mismos verdugos que fueron (en parte) responsables de su encarcelamiento, empieza a simpatizar con ellos por el simple hecho de que se oponen a sus otros verdugos, los ingleses. Pero de esa espiral de odio, su padre, de nuevo, hace de su fragilidad física su fuerza, y lucha, lucha con todo lo que tiene para sacar a su hijo y a él mismo de la cárcel, de arrojar luz sobre las sombras, y es entonces cuando Gerry, en el nombre de su padre, toma su testigo.

Si la película tuviera un sinónimo ese sería Daniel Day-Lewis, lo uno es igual a lo otro, En el nombre del padre es muy grande por la interpretación del actor inglés, verle en pantalla es como acercarse a un incendio, su interpretación es abrasadora, llena cada segundo que tiene en escena de una manera que solo he visto en muy pocos actores, hace que sufras con él, que llores de rabia, que rías, que en el clímax final de la película quieras gritar a la pantalla cuando la expresión de su cara ya lo está haciendo, y grita pidiendo lo que es suyo: su libertad, su justicia, la memoria de su padre, en su nombre.

Hay películas que no se ven; sino que se viven, se viajan, se descubren. En el nombre del padre es una de ellas.

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