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Pervirtiendo las leyes de la robótica

01 mar 2018

El conflicto entre humanos y robots, y el debate en torno a los límites de la Inteligencia Artificial, han sido y serán, temáticas fetiche de la ciencia-ficción desde la época del cine mudo, véase el ejemplo que supone la obra maestra de Frintz Lang, 'Metrópolis'. Hay que ir un poco más atrás en el tiempo para entender la fascinación del ser humano hacia los seres artificiales, concretamente a principios del XIX, cuando en 1818 verá la luz 'Frankenstein o el Prometeo moderno', de Mary Shelley, en el que aparece la demostración de que los seres creados artificialmente pueden convertirse en incontrolables una vez hayan asumido una consciencia propia.

Ya entre las décadas de los cincuenta y setenta del pasado siglo XX, autores como Isaac Asimov y Phillip K. Dick pasan a ser piezas clave para la formación de la mitología entorno a la robótica, ideas traspasadas a la pantalla en la que el ente no natural, el robot, asume su diferenciación frente a los humanos, queriendo o no parecerse e ellos. 'Blade Runner' nos mostraba una distopía surgida de la mente de K. Dick, en la cual los replicantes eran utilizados como mano de obra; en la saga 'Terminator' las máquinas se rebelan contra sus creadores e inician el exterminio de la raza humana; 'El hombre bicentenario' y 'Yo, robot', ambas parcialmente basadas en historias de Asimov, tratan temas como la esclavitud y la moral a través de las siempre presentes "Tres leyes de la robótica", que establecen: la no-agresión de un robot a un ser humano, el sometimiento de los robots a las órdenes de los humanos, y la protección de su propia existencia (mientras no inflija la primera norma).

Alex Garland, autor de '28 días después', 'Sunshine' y 'Dredd', debutaba por la puerta grande como director con 'Ex Machina', película de la que también escribió el guión. Recuperando el leitmotiv acerca de las relaciones entre humanos y la Inteligencia Artificial, Garland logra convertir 'Ex Machina' en una las producciones más sugestivas de los últimos años junto a 'I.A. Inteligencia Artificial', 'EVA' o 'Her'.

En esta ocasión, Ava (Alicia Vikander) se convierte en el objeto en torno al cual gira una trama que, siguiendo las pautas marcadas por el thriller y apoyada en un minimalismo exquisito, hará replantear los ideales de Caleb (Domhnall Gleeson) frente a Nathan (Oscar Isaac), la figura del creador, del hombre que ha jugado a ser dios y ha creado una vida artificial, con todo lo que ello conlleva, viniendo a referirme, claro está, al mito del citado Frankenstein y su criatura.

De factura técnica excelente, su puesta en escena bien puede definirse como la simbiosis perfecta entre elegancia y claustrofobia. Elegante por lo que rezuman el diseño de producción y su música, que ayudan a componer una preciosista estampa final dentro del ambiente cerrado que es ese hogar a modo de gran laboratorio experimental, una suerte de jaula de cristal para ratones, y que otorga el dicho carácter claustrofóbico a 'Ex Machina', el principal punto de sustento de este sugestivo thriller de ciencia-ficción, al que Garland añade, además, una perversión de las leyes de la robótica, para así crear el conflicto que dinamitará la relación entre los humanos protagonistas.

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'Ex Machina': A través del cristal roto
Crítica Ecartelera
6,0