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Mi crítica de 'Lejos del mundanal ruido'

28 jun 2015

Estamos ante una película de las llamadas "muy bonitas".
Fotografía muy bonita, música muy bonita, paisajes muy bonitos, vestuario muy bonito (demasiado bonito para recolectar cosechas, por muy bonita que aparezca fotografiada la muy bonita campiña inglesa).Tal cúmulo de cosas tan bonitas crean un pastelito muy digerible y agradecido, ideal para espectadores lectores de best-sellers en el metro.
Pero tras esta fachada de preciosismo visual y auditivo encontramos un montón de escenas mal resueltas y totalmente desaprovechadas. La historia tiene un potencial cinematográfico tremendo a pesar de basarse en un novelón escrito hayá por 1874.
La heroína es una especie de la Escarlata O' Hara de Lo que el Viento se LLevó, trasplantada a las mencionadas y muy bonitas campiñas inglesas de Dover. Estamos por tanto ante una fémina aguerrida, audaz, intrépida, independiente y adelantada al menos un par de siglos a los tiempos cerriles y obtusos que le han tocado vivir.
Y aquí encuentro ya el primer fallo. Carey Mulligan (que en otros papeles me ha parecido una actriz estupenda), se limita a salir de todas las situaciones con el único recurso de una media sonrisa irónica sin ni siquiera levantar una ceja. Registro gestual tan limitado ante tantos conflictos que tiene que lidiar, hace que parezca que sale indemne de todas las tormentosas borrascas sentimentales en las que se mete debido a que nuestra intrépida heroína no es intrépida sino autista.
Pasemos a uno de sus pretendientes, el atormentado solterón Boldwood, en este caso bien interpretado por Michael Sheen.
El pobre Sheen hace lo que puede con el personaje más desaprovechado de la película. En manos de un director más espabilado este obsesivo Boldwood hubiera robado todos los planos si le hubieran exprimido al máximo la oscura personalidad reprimida de ricachón terrateniente provinciano. Como ejemplo, hubiera podido ser antológica la escena del descubrimiento de todo el arsenal de vestuario y joyerío que el obsesionado galán guardaba en los armarios para la dama de sus obsesiones. ¿Qué hubiera hecho Hitchcock con este señor si tenemos en cuenta como retrató a la Señora (con mayúsculas) Danvers de Rebeca?
No sólo personajes han sido desaprovechados.
Thomas Vinterberg pasa de refilón por la escena más melodramática de la historia: La cita en el puente entre el pérfido y calavera soldadito Troy (bien interpretado con la chulería necesaria por Tom Sturridge) y su indigente enamorada, que acaba acudiendo al encuentro, eso si, poco comunicativa dentro de una caja de pino.
Esta parte de la narración queda confusa, no sabemos muy bien que ha ocurrido con la rubita preñada, y tampoco que encantos tiene esta chica para levantar pasiones tan volcánicas.Queda evidente que Vinterberg no es Douglas Sirk revolviendo sentimientos.
Quizás el personaje mejor parado en sus avatares por esta historia es el íntegro y digno pastor de ovejas, interpretado estoicamente por Mattthías Schoenaerts, aunque ya puestos, si esta película la hubiera rodado David Lean, le hubiera despeñado la integridad de la borreguería por el acantilado más blanco y más alto de Dover. Nada de mediocridades.

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'Lejos del mundanal ruido': Hora de elegir pretendiente
Crítica Ecartelera
6,0