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Es imposible no caer rendido a los pies de Frances

20 abr 2014

El mumblecore puede entenderse como una corriente que profesa cierta nostalgia al cine independiente norteamericano. Herederas de la Nouvelle Vague, de Cassavetes y del Jarmusch más primerizo, las cintas que defiende el mumblecore son historias de bajo presupuesto que se caracterizan por desprender bastante realismo y estar protagonizadas por veinteañeros que recitan diálogos largos, (mumble: farfullar, murmurar), en forma de conversaciones naturales, auténticas. Nada demasiado nuevo ni que se distancie muchísimo de las primeras hornadas de cine independiente norteamericano, sólo que con algunos rasgos estéticos y de sonido peculiares. Vivimos en una época en que nos cuelan lo viejo como nuevo. Lo vintage vende. Podemos escudarnos tras la máxima de que 'las modas vuelven' o asumir de una vez por todas que el posmodernismo es definitivamente la época con más sequía de ideas. El afán descontrolado por ponerle etiquetas a todo, por hacer todo localizable e identificable no debería distraer del triste hecho de que siempre hubo, hay y habrá directores con menos recursos, aunque se les quiera agrupar bajo una misma temática y llamarles mumblecore.


Por si quedaba alguna duda a estas alturas, la cinta que aquí nos ocupa, Frances Ha, se enmarca dentro de esta nueva corriente. Frances siempre está despeinada, tiene andares desgarbados y va corriendo de un sitio a otro con la misma chaqueta. Con una sonrisa para todo el mundo, no duda en rechazar a un chico que le propone mudarse con él porque le hizo la promesa a Sophie, su mejor amiga, de que renovarían el alquiler del piso que comparten.



Como acostumbra en el resto de sus filmes, Noah Baumbach consigue prácticamente sin esfuerzo un gran nivel de intimidad con los personajes, familiarizando al espectador rápidamente con las protagonistas. Un ejemplo de ello es como los primeros minutos de esta cinta nos bastan para entender la amistad que une a las dos chicas (Sophie y Frances). Un hilo conductor se despliega por toda la filmografía de Baumbach a través de los personajes de sus películas: individuos que necesitan encontrarse a sí mismos. Ya sea porque están sufriendo un divorcio (Una Historia de Brooklyn), por nada en particular (Greenberg) o porque el inicio en la edad adulta no es tan dulce y fácil como lo pintan en la televisión (Frances Ha).

Baumbach es un experto en construir personajes. Para Frances Ha vuelve a contar con su habitual Greta Gerwig ? con quien escribe el guión ? para caracterizar esa especie de limbo de los jóvenes adultos que se dan de bruces con la dura realidad mientras intentan encontrar su sitio y a la gente adecuada. Lo que puede recordar un poco a Girls, sólo que sustituyendo la insustancialidad de Lena Dunham proclamando a cada segundo lo enamorada que está de sí misma por una encantadora Frances Ha-Greta Gerwig que consigue cautivar con todos sus defectos y su ingenuidad. Como en la escena de la fiesta en la que explica ante la mirada atónita de un grupo de desconocidos lo que es para ella el amor.



Baumbach erige su obra con pequeños detalles. Pequeños gestos con los que Frances se da cuenta de que la vida no le sonríe todo lo que a ella le gustaría. Con un humor similar al que usaba Stephen Merchant en Hello Ladies, el director capta a la perfección las reacciones de la gente ante Frances ? transmitiéndoselas al espectador, quien se debate entre reírse o sentir pena por ella - y los momentos incómodos que experimenta, como tener que escuchar más veces de las que dicta el protocolo lo mayor que pareces. las andanzas de tu mejor amiga por boca de otras personas, que tu jefa no te haga ni caso o que la mayoría de la gente te trate como si fueras tonta. Así, Baumbach moldea la estampa de la simpática perdedora hasta conseguir que empaticemos con ella completamente de la manera más natural, dando lugar a uno de los no finales más realistas del cine: una última mirada entre dos amigas y el nombre de Frances Ha en un buzón.

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Crítica Ecartelera
8,0