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4,1

Tarantino presenta...

04 jul 2007

Por suerte o por desgracia, este fin de semana sin duda está marcado por el esperado estreno de la segunda entrega de Hostel, aquella película que si no fuera porque el productor era ni más ni menos que Quentin Tarantino, habría pasado sin pena ni gloria por nuestras carteleras.

El director Eli Roth vuelve a aplicar la misma fórmula que, por lo que se ve, aterró a muchos e indignó a otros tantos (???), si bien debe reconocerse que trata de hacerlo de un modo más o menos original. O, dicho con otras palabras, el hombre al menos no se ha limitado a hacer un refrito de la primera parte.

Eso no quiere decir que no haya cosas en común con Hostel: nos encontramos en el mismo lugar, una ciudad indeterminada de Eslovaquia en la que la mayoría de sus pobladores masculinos son medio deformes, todas las mujeres parecen sacadas de un almanaque de Penthouse, y todos los niños son una suerte de Hannibal Lecter en potencia. En cuanto a los protagonistas se refiere, Eli Roth se ha limitado a cambiarles el sexo: es decir, que en lugar de tres norteamericanos con ganas de pasarlo bien, nos encontramos con tres inocentes norteamericanas.

Y poca cosa más.

Hostel 2, como decía, nos sitúa en una ciudad con aires medievales de la Europa del Este, a la que llegan tres jóvenes estudiantes norteamericanas, Beth (Lauren German), Lorna (Heather Matarazzo) y Whitney (Nijou Phillips), las cuales han sido convencidas por Axelle (Vera Jordanova), su modelo en clase de arte, para pasar unos días relajándose en un balneario del lugar. Pero, como es lógico, nada es lo que parece, y Axelle se nos descubre como un peón dentro de una compleja maquinaria de apuestas ilegal en la que, a través de la red, selectos individuos pueden pujar cantidades ingentes de dinero para comprar a su futura presa.

A diferencia de su primera entrega, Hostel 2 trata de enfocar un mismo tema desde un punto de vista diferente: el del cazador. Así pues, la historia divagará entre las historias paralelas de las tres jóvenes y, en especial, las de sus futuros asesinos, Todd (Richard Burgi) y Stuart (Roger Bart), mostrando así los entresijos de la enigmática organización que conocimos en Hostel.

Algunos opinan que la primera entrega era mucho mejor que ésta segunda, ya que aquélla apenas mostraba, si no que más bien se limitaba a sugerir. Y es que, tal y como sabiamente dijera Ridley Scott durante el rodaje de Alien, antes de perder su buen juicio cinematográfico, nos da más miedo aquello que creemos ver que lo que en realidad vemos.

O algo así.

La cuestión es que, sea como sea, Hostel 2 es una mala película. Para empezar, Eli Roth persiste en su idea de mostrarnos a una Europa del Este que todavía parece vivir anclada en los tiempos de Vlad el Empalador pero con alta tecnología, y donde al parecer los americanos son muy mal vistos sin motivo aparente, cosa que no deja de resultar curiosa teniendo en cuenta que la película procede de un país en el que le puedes volar libremente la cabeza a cualquiera que trate de robarte los gnomos de piedra de tu jardín.

Ironías aparte, aun concediendo a Hostel 2 el beneplácito de nuestra condescendencia, la película en sí resulta tediosa: los personajes son cada vez más arquetípicos, las dudas pseudoexistenciales de los cazadores no están lo suficientemente desarrolladas, no hay una sóla víctima que el espectador desee que sobreviva, y durante parte del metraje parece que Eli Roth tan sólo prentende provocar erecciones entre el personal con constantes conatos lésbicos. Eso sin tener en cuenta que los malos son de libro, sofisticados y sin un ápice de humanidad, y que no dudan en disparar a un niño para imponer su jerarquía en un ejercicio que pretende pasar por violencia gratuita aunque tampoco lo consigue; y es que en Hostel 2 apenas hay sangre y casquería, y mucho menos desasosiego o malestar enfermizo por parte del espectador.

Por otro lado, si uno realiza un hercúleo esfuerzo mnemotécnico, puede llegar a recordar ciertos aspectos positivos de Hostel 2, como su corta duración y una primera muerte (de las protagonistas, me refiero) bastante original, con una puesta en escena digna del más casposo cine de Jess Franco o Jean Rollin.

Pero claro, es Europa del Este. ¿Qué esperaban?

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