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8,2

Viaje alucinante al fondo de la mente (de Bob Dylan)

23 feb 2010

Por principio, nunca he sido partidario de los biopics. Generalmente, las biografías de los personajes famosos suelen ser verdaderos pestiños que no hay quien se los trague. Porque postular acerca de la vida de alguien mostrando lo que le ha pasado desde que nació hasta que murió -o hasta donde haya llegado en ese momento su (famosa) vida- no suele ser tan interesante como la repercusión que haya tenido en el resto del mundo. Por eso para este tipo de películas lo mejor ?desde mi modesto parecer- es A) bucear hasta dentro de la mente del personaje, y mostrar su propia visión y B) ver cómo su vida ha cambiado las vidas de las demás. Todd Haynes ha sido tan, tan inteligente de utilizar ambos recursos para contar el periplo vital de uno de los músicos más influyentes del siglo XX, nada más y nada menos que Bob Dylan. Bueno, hay que tener clara una cosa, desde el principio: o a uno le interesa la vida de este cantante-actor-poeta-filósofo, o mejor que no entre a ver la película, porque todo, absolutamente todo, gira no solo en torno a su vida, sino a su personalidad, sus fantasías, sus emociones, sus logros, sus amores y sus deseos. De acuerdo, tangencialmente también se cuenta buena parte de la historia de Estados Unidos, y la cultura occidental, pero todo, absolutamente todo gira en torno a la singular personalidad de este insólito trovador. También ha tenido la genial idea de desgranar varias facetas la compleja vida de esta persona (y personaje) de la manera más inteligente: mezclando todos los ejes existenciales de Robert Zimmermann (nombre real de Bob Dylan), desde la paternidad, su búsqueda musical y existencial, la religión, las drogas o la familia. Y en un alarde todavía más inteligente, ha utilizado a varios actores (y actriz, que Cate Blanchett tendría merecidísimo el Oscar por este papelón, que va más allá de la personalidad del propio cantante, destilando una versión purísima de lo que ha significado en toda su vida?) para contar esas diversas historias, entremezclándolas. Igual que Buñuel utilizó a Ángela Molina y Carole Bouquet en ?Ese oscuro objeto del deseo?, dependiendo de la evolución del personaje que ambas interpretaban, en el film Christian Bale, Heath Ledger, Richard Gere e incluso Marcus Carl Franklin ?un niño afroamericano, en un ?alter ego? de lo que Dylan hubiera en realidad querido ser?- conforman la poliédrica realidad que se forjó en torno a la leyenda de la música. Aunque el cómputo general es monumental, sobrecogedor, realmente epatante, el ritmo es a veces algo desigual y consigue sacarnos de la historia, a base de una mezcla de situaciones y momentos históricos que podrían haberse trazado de una manera más ágil ?y no por ello homogénea, ya que era prácticamente imprescindible lo heterogéneo y atípico para mostrar la personalidad de Dylan-. Huelga decir que el trabajo de todos y cada uno de los actores del film es realmente soberbio, y que el film transpira emoción del primer al último fotograma ?especialmente emotiva es la parte de Heath Ledger/Charlotte Gaingsbourg en su matrimonio-. Este viaje alucinante a la mente de Dylan ayuda a comprender ?solo ayuda, comprenderlo es prácticamente imposible, a no ser que se tenga su cerebro?- su propia vida y obra, más allá de la realidad en sí. Más bien por su influencia y por su auténtico sentido. Pero hay que ser fan de Dylan ?como yo lo soy-. Si no, apaga y vámonos.

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'I'm not there', visión poliédrica
Crítica Ecartelera
7,2